Noche de estreno

Hace unas semanas nuestra buena amiga Mabel Lozano (un saludo desde aquí, Mabel) nos invitó al estreno de su quinto documental MADRE en el que cinco mujeres muy diferentes cuentan cómo han llegado a ser madres – un retrato emocionante y lleno de vida sobre la maternidad. A las puertas de la sala Palafox decía a Jesús ¡Cómo han cambiado las cosas! Hace dos o tres años era raro la semana que algún amigo o conocido no nos invitaba al estreno de su último largometraje, corto o documental. Pero desde hace algún tiempo prácticamente no nos invitan a ningún estreno. ¿Nos hemos quedado sin amigos en el mundo del cine? No, afortunadamente. Quiero decir que no nos hemos quedado sin amigos. Lo que pasa es que últimamente nadie parece estrenar nada. La crisis, por supuesto. La famosa crisis. Igual es una impresión mía pero últimamente me parece notar a la gente como más apática, con menos energía… y eso no es bueno. Por supuesto que hace falta algo de dinero para hacer cine pero –sé que algunos no estarán de acuerdo conmigo– sigo pensando que mucho más importante que el dinero es la ilusión y las ganas de hacer cosas. Objetivamente, el que cada vez se estrenen menos películas (ya se dice en broma y no tan en broma que algunos festivales de cine no van a tener películas que programar en unos años) debería considerarse una ventaja para LOS AMORES INCONCLUSOS – por aquello de tener poca competencia. Pero la verdad es que me gusta que nuestros amigos estrenen películas y lo hecho de menos. No por las alfombras rojas ni otras frivolidades, sino, en primer lugar, por poder disfrutar de una nueva obra y, en segundo lugar, para no perder el contacto, reunirnos todos, saludarnos, ‘achucharnos’ como dice Mabel. Las noches de estreno tienen algo mágico. Tras ellas se esconden meses e inclusos años de duro trabajo, de ilusión por un proyecto común. Es la gran noche en que todos nos ponemos de largo y nos podemos sentar a disfrutar del trabajo hecho. Por todo eso y mucho más reivindico desde aquí que las noches de estreno sean muchas más. ¡Queremos que nuestros amigos estrenen películas y compartir con ellos el momento mágico del estreno! Para el estreno de LOS AMORES INCONCLUSOS habrá que esperar un poco – en concreto (crucemos los dedos) hasta 2014. También esperamos poder contar con todos vosotros esa mágica noche.

Frank Toro

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Vivir rodando

Un rodaje te exige 20 de las 24 horas de un día. Eso, si tienes suerte y no son las 24. En un rodaje, sabes a qué hora entras, pero nunca a la que sales. Un rodaje te exige todas las fuerzas mentales y emocionales que tengas. Si tienes mala suerte y el rodaje se complica, te exige más de lo que tienes. Es muy difícil compatibilizar un rodaje con una vida personal o social. En algún momento del rodaje, siempre se dice éste es mi último rodaje.

Estoy cansada de escuchar tópicos sobre los rodajes: que es más fácil encontrar drogas que agua, que se está más de fiesta que trabajando, que todos se lían con todos, que cobramos una pasta… Tal vez sea así. Yo he trabajado en cerca de una veintena de rodajes y nunca he tomado drogas (aunque los cafés de algunos platós, se acercan bastante a algo tóxico), las fiestas a las que he ido son las de fin de rodaje, aún no me ha dado por la promiscuidad y la mayoría de veces la única pasta que he visto ha sido la del catering. Llámenme rarita. Y, aún así, cada vez que digo lo de “trabajo en cine o en tele” alguien me suelta uno o varios de esos tópicos. Y, entonces… ¿por qué nos dedicamos al cine? Tal vez, como apuntó Frank casi al principio de este blog, porque “(…) nos apasiona crear otros mundos: por eso nos dedicamos al cine”. Cada vez que acabo un rodaje pronuncio el ya famoso “Éste es mi último rodaje”. Lo digo plenamente convencida. E, inexorablemente, vuelvo. Así que, tal vez, en realidad debería preguntar: ¿por qué me dedico al cine? Seguro que hay más y que mis compañeros podrían aportar muchas razones… Pero éstas son las mías:

  • Cuando trabajas en algo que te apasiona, 20 horas se pueden convertir en veinte minutos.
  • Alguna de las personas más extraordinarias que he conocido, ha sido en rodajes. Amigos, parejas, e íntimos amigos han salido de rodajes.
  • Por ése segundo, justo antes de gritar “acción” en el que en el plató no se escucha ni una mosca, sólo el latido de tu propio corazón.
  • Por la ilusión de tu gente cuando ve tu nombre en unos títulos de crédito (vale, sí, soltaré otro tópico: todos los que trabajamos en cine tenemos un grado más o menos alto de egolatría).
  • En un rodaje, cada día es diferente al anterior.
  • Porque después de trabajar 20 horas diarias, duermes como un bebé.

Seguro que hay mil más. Pero tampoco es cuestión de aburriros. Sólo hay algo que puedo decir con total seguridad: a lo largo del rodaje de LOS AMORES INCONCLUSOS todos y cada uno de nosotros pronunciaremos el famoso Éste es mi último rodaje. E, inexorablemente, todos volveremos a rodar.

Sara Sebastián

Entre dos mundos (2)

En la anterior entrada hablé ligeramente de las diferencias entre teatro y cine, en lo que a la producción se refiere, y desde mi humilde punto de vista. Me considero un hombre de teatro más que de cine, a pesar de que desde mi más tierna (o no tan tierna) infancia, crecí viendo películas, seriales y programas de televisión a porrillo, y mi contacto con el teatro fue tardío. Al menos con el teatro profesional, porque ya con diez años organizaba con mis amigos pequeñas representaciones para la familia emulando los programas de moda de la televisión de los ochenta (Un, dos, tres…, Como Pedro por su casa, los especiales de fin de año de Martes y trece, etc.). Tal vez esto explique mi preferencia por la históricamente denigrada comedia en favor del drama y la tragedia. Tal vez debería corregir esta última afirmación: mis preferencias no elaboran diferencias estrictas entre estos tres géneros, si bien las hay, más bien quiero decir que me cuesta crear un texto, cualquier texto, sin que en él aparezca de una forma más o menos sutil un gran sentido del humor. Y el humor no necesariamente tiene que hacer reír. En palabras del gran Forges, “(…) primero tiene que hacer pensar”. Cuando decido escribir un monólogo dramático salpicado de tragedia inspirándome en el ensayo de Jesús González, a Frank Toro, que es un enamorado del drama, la filosofía y la introspección psicológica –ya me tirará de las orejas si exagero- se le ocurre la genial la idea de iniciar una experiencia en paralelo, escribiendo a partir de la misma historia un texto teatral y un guión cinematográfico. Y así empezamos a elaborar esta experiencia piloto a distancia, vía teléfono, vía mail, vía reuniones en Madrid, Barcelona, Sabadell y el glamuroso Lloret de Mar, para dar forma a lo que, por un lado, sería LOS AMORES INCONCLUSOS, y por otro EL SEXE DELS ÀNGELS. Las aportaciones de Frank y los consejos de Jesús, unidos al testimonio vital de personas con discapacidad –homosexuales y heterosexuales- como Adolfo Colmenares, Isabel Palomeque, Manel Ávila, Mayte García, Lidia Olayo, Oriol Monrás, Carles Casanovas…, personas corrientes y a la vez extraordinarias a las que estoy sumamente agradecido, me hicieron llegar a lo que hoy es EL SEXE DELS ÀNGELS, una comedia de situación llena de ironía, acidez y humor negro, con un espíritu alegre y una visión optimista de la vida, más allá de las capacidades y discapacidades de cada individuo. Mientras que la primera escritura de LOS AMORES INCONCLUSOS seguía la senda del drama y el suspense, adentrándose en el tormento del personaje principal. La escritura de la segunda versión, después de ver el éxito que había tenido el estreno de la obra teatral, se encaminó a un texto igualmente duro, pero con pinceladas de humor negro como contrapunto. De igual modo, modifiqué algunas réplicas de las escenas más críticas de la obra que, a mi modo de ver, añadían dureza y realismo y acercaban más al público a la tragedia de Dani, que en la versión anterior había quedado diluida por la comedia a ritmo de vodevil. En cierta medida, algunas voces críticas me habían reprochado la falta de profundidad en el drama personal de los personajes, a lo que yo respondí: “¡Claro, es una comedia de situación, no un drama de Ibsen!”. Mientras tanto, el guión de LOS AMORES INCONCLUSOS seguía creciendo poco a poco y sin perder el tono dramático e introspectivo. Ya habíamos escrito una comedia, ¿qué sentido tenía escribir otra? La historia de Dani era tan potente que debíamos aprovechar las posibilidades que nos ofrece la cámara para entrar en lo más hondo del personaje de un modo que no hicimos en su versión teatral. Así ha nacido esta película, donde drama, suspense y humor negro se dan la mano en una tragicomedia que, esperamos, no deje a nadie indiferente.

Emili Corral

Entre dos mundos (1)

Como ya se ha comentado en anteriores artículos, LOS AMORES INCONCLUSOS es un proyecto con tres padres: Jesús González, Frank Toro y el que escribe este artículo, Emili Corral. En 2005, Jesús publicó el ensayo titulado RE-INVENTARSELa doble exclusión: vivir siendo homosexual y discapacitado. Observé que aquel ensayo constituía una valiosa documentación para escribir una obra de teatro. Alrededor de 2010 decidí escribirla basándome en el ensayo de Jesús. Entonces Frank, que en aquellos momentos buscaba una historia para un primer largometraje, propuso escribir a partir de mi primer esbozo un guión para cine. En aquel momento empezó una experiencia creativa consistente en escribir de forma paralela un guión para teatro y otro para cine sobre la misma historia. En esta primera parte del post hablaré de las diferencias, a grosso modo, entre la producción cinematográfica y la teatral. Y la próxima semana explicaré las diferencias entre la obra de teatro, EL SEXE DELS ÀNGELS, y su versión cinematográfica, LOS AMORES INCONCLUSOS.

En cine se trabaja todo el día para grabar unos tres minutos de película. Los ensayos suelen realizarse unas semanas antes del rodaje, y los actores ensayan poco en el set de rodaje. Aunque esto más bien suele depender de la dirección, el presupuesto y el tiempo de que se disponga. Las secuencias no se ruedan casi nunca en orden cronológico, por lo que la evolución del personaje depende de la interpretación de los actores y su capacidad para entrar en situación, y por supuesto, de la ilusión que genera el montaje final. El cine exige un gran esfuerzo diario, y unos resultados inmediatos. Cada día todo tiene que salir redondo. Y resulta muy difícil, en las seis semanas mínimas que puede durar un rodaje, que cada día todo salga perfecto. El director y los actores deben darlo todo a cada momento. Y es un trabajo más solitario, a nivel creativo, aunque implique a muchísimos más profesionales que en el teatro. NO debemos olvidar que el cien es una industria. Por último, decir que el lenguaje cinematográfico, salvo películas innovadoras que apuestan por romper las normas, como DOGVILLE, por ejemplo, tiene unos códigos muy diferentes que el teatro. Lo que acepta el teatro no suele aceptarlo el espectador de cine. Mientras el cine se basa en la ilusión, el teatro se sirve de la convención. En teatro los ensayos dependen de cada montaje y de la manera de trabajar de cada director con sus actores, los figurinistas, el escenógrafo, el sonidista y los iluminadores. Lo más usual consiste en realizar lecturas previas del texto, tomar las primeras decisiones sobre el montaje y empezar a construir las escenas con los actores mientras el resto del equipo trabaja paralelamente. Luego se unen las piezas y se sigue ensayando hasta tener el espectáculo completo. Se realizan pases completos de la pieza, se pulen detalles, se fijan las acciones de los actores, se sigue ensayando y se acaba presentando al público. Y a diferencia del cine, casi siempre se suele ensayar en el orden cronológico de la representación o, al menos, el resultado final suele ser la pieza completa representada por los actores, que realizan un viaje con su personaje desde el inicio hasta el final de la obra. Actualmente ha ido apareciendo la moda de fusionar las proyecciones, el lenguaje fílmico, en las representaciones; pero lo que define el teatro por encima del cine es la idea de la convención, como ya he comentado. En palabras del gran Bergman, en teatro una actriz puede mostrar la silla más vieja y fea del mundo, y explicar que es el trono de una antigua princesa, hecho en oro e incrustaciones de piedras preciosas. Y si luego aparece la misma actriz disfrazada de ladrón y daña la silla, será considerada una criminal. Porque gracias a la convención, el público ya ha aceptado que esa silla vieja y roñosa es un trono. Para explicar esa historia en una película, necesitaríamos recrear un palacio entero o el público raramente aceptaría el código.

Emili Corral

Hasta aquí puedo leer

Pasillos, impaciencia… seguimos esperando. Me preguntáis como va el tema pero os puedo asegurar que yo estoy igual de perdido o más que vosotros. Ahora el que está jugando las cartas es nuestro productor ejecutivo Jesús González. ¡Pobre Jesús! Pero él, que aparte de ser un crack es una persona muy discreta, nos repite una y otra vez, emulando el mítico programa de TVE «Un, dos, tres… responda otra vez» – hasta aquí puedo leer… Os lo creáis o no, a mi tampoco me explica mucho más. Pero de lo que si que podemos estar seguros es de que no podemos estar en mejores manos. Si alguien puede conseguirlo es Él. Tampoco dudéis sobre si se va a hacer la película – se va a hacer. Ahora la pregunta es más bien cómo. Pero el cómo la vamos a hacer no solo depende de nosotros. En ese sentido será definitivo saber con que ‘ventanas’ podemos contar o no. Mientras tanto somos un equipo – un gran equipo – que espera y, por qué no decirlo, también desespera. Porqué por alguna extraña razón tenemos este impulso irrefrenable de contar una historia, de hacer una buena película… que bien mirado ¡qué ganas de complicarse la vida! Pero como dice el gran Pedro Almodóvar «lo único que sé es que si no me dedicara a esto sería profundamente infeliz». Cada uno tiene su cruz en la vida y a nosotros nos ha tocado esta ¡Qué tampoco es tanta cruz! Lo que pasa es que a todos nos gusta quejarnos. Esperamos poder anunciar pronto noticias interesantes. Pero de momento, como dice Jesús… hasta aquí puedo leer.

Frank Toro