Memorias de rodaje (IV): semanas previas

En resumen, ésta era la situación: llevábamos dos años trabajando en un proyecto que nos habíamos propuesto llevar adelante sí o sí, unos actores estupendos ya habían hecho la correspondiente reserva de días en sus agendas, se había cerrado con éxito un crowdfunding de 12.000 euros que constituía no sólo una obligación legal sino también una obligación moral, el piso donde íbamos a filmar no sólo estaba alquilado sino que ya estaba casi acabado de pintar y decorar. No había vuelta atrás. Por otra parte, faltaba menos de una semana para el inicio del rodaje y todos los jefes de equipo, excepto Jota, habían abandonado el barco. No sabíamos con quién (me refiero a técnicos) ni cómo (ahora me refiero a cámaras, focos, etc.) íbamos a filmar. Se imponía una producción exprés.

Creo que la cosa empezó a cambiar cuando La Casa del Cine mostró su interés por participar en la producción. Por lo menos, después de unos días terribles de deserciones, parecía que alguien estaba dispuesto a sumar y no a restar. Fui a la escuela y me entrevisté con Mar Cabré que es la directora. Al final llegamos al acuerdo de que la escuela nos facilitaría algunos de sus estudiantes. Lo primero, un jefe de producción. Noelia, la jefa de producción se incorporó y empezó una semana, si cabe aun más, de locura. El primer día hizo 173 llamadas (consta en el extracto del teléfono de producción). Lo principal, en aquel momento, era encontrar nuevos jefes de departamento. Me preocupaba en especial encontrar un director de fotografía, en tan pocos días, que se adaptara a las condiciones de la producción. Esas condiciones se resumían básicamente en no cobrar ni un euro y trabajar con lo que se tuviera. Ahora soy consciente de que eso es pedir mucho. Un director de fotografía, al menos si es serio, se la juega y no puede arriesgarse a hacer un trabajo que le desprestigie. En este sentido llegue a desanimarme mucho, Noelia concertaba entrevistas con candidatos pero o veías que no tenían experiencia ni podían asumir el trabajo con seriedad o pedían un dinero que no podíamos pagar. Una tarde, sin embargo, se produjo el milagro. Susana, la que iba a ser inicialmente nuestra directora de fotografía, había estado en el piso y había hecho sus cálculos. Susana también había previsto que durante unos días no podría haber venido y para cubrir esos días había buscado a una sustituta, su alumna más aventajada (Susana es profesora de fotografía cinematográfica). Esa chica había venido con Susana anteriormente al piso y había estudiado las condiciones de luz con Susana. Pero tengo que reconocer que ni siquiera recordaba su nombre. Pues bien, una tarde, Sara López apareció en el piso dónde íbamos a rodar. Me expresó su lógica confusión ante aquella situación, quiso saber algo más y finalmente mostró su interés por dirigir la fotografía de la película. ¡Todo un golpe de suerte! Sara resultó ser la directora de fotografía ideal para Los Amores Inconclusos. Es todo un crack y seguro que apreciareis lo grande que es cuando veáis Los Amores Inconclusos. Sara ha hecho un trabajo excelente. Desde aquí, gracias Sara.

No es que hubiera mucho espacio para el optimismo ante aquella producción exprés pero a pocos días del inicio del rodaje, por lo menos, parecía que encajábamos algunas piezas importantes. Aunque faltaban otras piezas vitales. Noelia seguía llamando y llamando a posibles colaboradores y al día siguiente apareció otra pieza clave: Jorge. En realidad dos ‘piezas’ claves: Jorge y Manu. Dos ingenieros de sonido que empiezan sus carreras profesionales con una energía y unas ganas de trabajar encomiables. Jorge pasó a ser el jefe de sonido de la película. Como Sara, todo un descubrimiento. ¡Otro golpe de suerte! Espero, en el futuro, poder volver a trabajar con Sara y Jorge/Manu.

A cuatro días del inicio del rodaje parecíamos tener a la gente pero, ahora que lo pienso, ¡que vértigo!, aun no habíamos alquilado la cámara, los artefactos de luz ni el equipo de sonido. ¿Cómo podíamos no tener equipos a esas alturas? Puedo explicar las vicisitudes de cómo se llegó a aquella situación pero tampoco quiero aburrir a nadie. Más o menos pasó como con los jefes de equipo iniciales. Había una productora con la que había negociado una coproducción que consistía en lo siguiente: la productora (externa) cedía sus equipos (RecOne, equipos de luz, etc.) y Kinelogy, a cambio, le ofrecía un porcentaje interesante en la producción. También vinieron al piso/plató y no sé si se asustaron o qué pero, ¿cómo no?, a pocos días del rodaje nos comunicaron que se echaban atrás. Por suerte, mientras tanto, Noelia había estado hablando con la ECIB (Escola de Cinema de Barcelona). Una mañana, Noelia y yo fuimos al ECIB y hablamos con su director. Estaba de acuerdo en abrirnos las puertas de su almacén de equipos a cambio de una ‘tarifa plana’ de 3.500 euros. Eso sí que fue otro golpe de suerte. La ECIB tiene cámaras profesionales, focos de todo tipo, travellings, grúas y cualquier elemento técnico necesario para rodar una película. Al día siguiente, Sara López visitó el almacén de la ECIB e hizo la lista de material necesario. Esa lista lo incluía todo, desde la cámara al último filtro. Ya sólo faltaba firmar el contrato. Hasta la firma y el pago, no podíamos llevarnos los equipos. Eso no pudo ser hasta el día antes de iniciar el rodaje.

Llegados a este punto, tengo que reconocer que me daba bastante miedo no poder probar los equipos y los flujos de trabajo con unos días de antelación. Pero había que redactar el contrato, aprobarlo y firmarlo. Para no alargarme más, sólo diré que los equipos técnicos llegaron al piso/plató el día antes del rodaje sobre las siete de la tarde. Hicimos unas pequeñas pruebas a todo correr, por suerte todo funcionó bien. Sara me demostró que realmente sabía lo que hacía y que controlaba todos aquellos aparatos, el ordenador procesaba bien el flujo de video en definición cine. Todo se había desarrollado al límite, en el último instante, pero parecía que la ‘nave’ estaba a punto para despegar. Aquel podía parecer un momento para el respiro pero era consciente de que la aventura sólo había hecho que empezar. En una película es vital contar con unos jefes de equipo de absoluta confianza que conozcas bien y con los que sabes comunicarte. En éste caso nos habíamos visto forzados a formar un equipo, como quién dice, en tiempo de descuento. Nos conocíamos todos desde hacía apenas unos días y, en algunos casos, desde hacía solo unas horas. Todo un riesgo. Como era de esperar, habría de todo. Gente que nos salió muy bien y otra que no tanto. En todo caso, aquella noche, la noche antes del primer día de rodaje, no creo que consiguiera dormir ni cinco minutos seguidos. ¿Conseguiríamos hacer despegar la nave?, y una vez despegada, ¿conseguiríamos mantenerla en vuelo durante casi seis semanas? Y estaba claro que aquello era todo un ‘jumbo’ y si nos la pegábamos, no la pegábamos bien. Pero ahora sí, ya no había vuelta atrás. El espectáculo, si no había comenzado ya, estaba a punto de comenzar.

FRANK TORO

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Memorias de rodaje (III): semanas previas

«Daniela», la respuesta fue Daniela. Pero, ¿quién es Daniela? Hace ahora unos siete/ocho años, cuando empezó toda esta locura de hacer cine, nos propusimos hacer una película sin pretensión alguna –solo para comprobar si lo podíamos hacer. Para nosotros, para nadie más. Yo le tengo mucho cariño a Daniela (que fue el título de esa película) aunque soy consciente de que es lo que es. Daniela ni siquiera se puede considerar una película de guerrilla, llamémoslo mejor un ‘experimento’, incluso una ‘gamberrada’. Daniela se grabó con una cámara doméstica de esas que se pueden comprar por 200 o 300 euros en cualquier centro comercial. Nada más. Bueno sí, un micrófono de 30 euros colgado del palo de una escoba (literalmente). Además, no había equipo técnico. Una chica que sabía de fotografía fija (no de cine) y que venía cuando podía (Gemma Bigorra), un chico que se encargaba de la ropa y el atrezzo (Jordi Serra), otra chica que se encargó de planificar el calendario de rodaje (Lilu López) y los todoterreno Cristina Olmos y Jon Alcaide que hacían de todo. Yo manipulaba la cámara montada en un ridículo trípode de fotografía que no permitía movimiento alguno y jamás había pisado una escuela de cine. Los actores eran amigos de Emili Corral y trabajaban con él en la casa del terror del Tibidabo. ¡Grandes actores! A todo eso hay que añadir que el guión se escribió en solo dos meses y que los ‘decorados’ eran los apartamentos de actores, técnicos y familiares (sin añadir ni cambiar nada). A pesar de todo, salió una película que aunque no se ve ni se escucha demasiado bien, se aguanta bastante bien y explica una historia coherente durante 94 minutos. Daniela se proyectó en pequeños festivales y el público se divirtió. ¿Cómo pudo salir adelante Daniela? En aquel momento, sentado en un banco de una plaza en el Gòtic, lo recordé: Daniela se hizo con sincera humildad, sin pretensión alguna y con mucha, mucha ilusión (e inocencia).

Si habíamos sacado Daniela adelante, como se suele decir, con una mano delante y otra detrás, ¿cómo no íbamos a sacar adelante Los Amores Inconclusos? Y más teniendo en cuenta que habían pasado ocho años en los que hemos aprendido muchísimo sobre producción audiovisual, que como productora contamos con un equipamiento técnico modesto pero profesional (cámaras, micrófonos, etc.), que actores cien por cien profesionales estaban dispuestos a darlo todo por el proyecto, que había un guión trabajado a fondo durante casi dos años y, no menos importante, que gracias a la gran generosidad de más de cien mecenas, contábamos con un presupuesto de 12.000 euros. Si Daniela había salido adelante, Los Amores Inconclusos debía de salir adelante y con unos resultados sin comparación. Aunque solo fuera porqué esta vez íbamos a contar, aunque fuera modesta, con una cámara de cine, un equipo de sonido profesional, algunos focos, etc., etc. Lo importante era no olvidar en ningún momento el espíritu que había hecho posible Daniela. Siempre humildades, sin pretensiones y con mucha ilusión por contar una historia. Era consciente de que las cosas no pintaban bien: faltaban cinco días para iniciar el rodaje y aparte de un piso aun patas arriba y unos actores excepcionales, parecía no haber mucho más. Pero pensar en Daniela me animó (moderadamente). El tener un pensamiento positivo, aparte de todo el trabajo que había detrás, parece que pronto empezó a dar sus frutos. Como dije al principio, cuando todas las puertas se cerraban, al final se abría una ventana. El espíritu Daniela debía impregnarlo todo.

Me levanté de aquel banco y me dirigí al piso, en el camino, sonó el teléfono. Roger Berruezo me decía que al final iba a poder contar con algún día más para el rodaje. Era la mejor noticia que podía recibir. Hice cábalas y descubrí que podíamos ganar tres días más. Esos tres días eran importantísimos. ¡Qué alivio! Pasábamos de cinco a ocho días para el inicio del rodaje. Eso ya era otra cosa. Ya en el piso donde se rodó la película, recibí otra llamada de Jesús. El pobre Jesús llevaba no sé cuanto tiempo intentando que alguna escuela de cine nos escuchara y entrara en el proyecto aportando, bien equipos técnicos o personas. Una escuela (La Casa del Cine) parecía estar interesada en participar en Los Amores Inconclusos. Y esa puerta nos acabaría abriendo las puertas a otra escuela clave en toda esta aventura (ECIB). Mientras tanto, tenía a los pobres actores preguntándome cuando nos íbamos a ver, si no íbamos a hacer ensayos previos, más lecturas del guión… estaba claro que no podía esperar más: necesitaba un jefe de producción inmediatamente. Dos días después, gracias a La Casa del Cine, lo tuvimos. Recordar el ‘espíritu Daniela’ marcó un cambio de tendencia. No digo que fuera por el ‘espíritu Daniela’ pero si que tras aquel momento la tendencia pareció invertirse. Si durante los días anteriores todo había sido restar (gente que abandonaba el proyecto, medios con los que pensábamos contar y ya no podíamos contar, etc.), a partir de aquel momento empezaron las sumas que finalmente hicieron realidad Los Amores Inconclusos. Pero de eso hablamos la semana que viene.

FRANK TORO

Memorias de rodaje (II): semanas previas

¿Dónde nos habíamos quedado? A sí, faltaban seis días para el inicio teórico del rodaje. Habíamos tardado más de lo previsto en encontrar el piso y los directores de fotografía y sonido habían abandonado el barco. A estas alturas, por lo menos los que están más metidos en esta locura del cine, se preguntarán por qué sólo hablo de producción. ¿No se supone que a menos de una semana de iniciarse el rodaje debería estar dedicándome a la dirección y no a la producción? Efectivamente.

Antes de seguir, una pequeña aclaración para los que han sido lo suficientemente prudentes como para no meterse en esta locura que es hacer cine. En una película hay dos áreas muy bien definidas: la producción y la dirección. La producción se encarga de logística necesaria previa a la orden de ‘acción’. Es decir, de que realmente haya un decorado listo, del atrezzo que exige el guión, de las ‘máquinas’ necesaria (desde la cámara hasta el catering), de que cada técnico y actor esté cuando y dónde tiene que estar, etc. La dirección, en cambio, se ocupa de tener muy clara la historia que se va a contar y cómo se va a rodar. Es decir, de todo lo artístico. A menos de una semana del inicio del rodaje, el director debería estar con los actores ‘pasando’ texto, dando indicaciones sobre como interpretar los personajes, asegurándose de que los directores de arte, foto y sonido tienen clara la concepción artística y lo que tienen que hacer, etc. También es habitual que el director se reúna con TODO el equipo unos días antes para leer el guión con los actores y dejar muy claro que debe hacer cada uno. Mientras tanto la producción debe ocuparse de que realmente no falte nada y que cada miembro del equipo cuente con los medios necesarios en el momento necesario.

Cerrado el paréntesis, está claro que el director, en este caso, más bien estaba haciendo de jefe de producción. La semana pasada, reconocí, como director que se estrenaba en la aventura de un largo, haber pagado algunas novatadas. Más tarde he hablado con otros directores y parece ser que el error de no valorar suficientemente la producción es un error que ha cometido más de un director en su primera película. Un error que sin duda me pesó ¡y como! durante todo el rodaje. No es que no tuviera, en principio, una jefa de producción. Contaba con una persona de confianza en Barcelona pero que no podía incorporarse hasta una semana antes del rodaje. Pensé que no debía ser un problema pero ¿cómo se pueden pensar semejantes tonterías a veces? La inexperiencia, por supuesto. Tampoco niego que la osadía – pero tiene que haber una primera película. Así que… ¿adivinad lo que pasó? Sí, faltaban seis días y también nos quedamos sin jefe de producción. ¡Qué desastre! Lo lógico parecía cancelar el rodaje. Faltaba menos de una semana y no había prácticamente nada. Ni jefe de producción, ni director de fotografía, ni jefe de sonido. Y eso condicionaba muchas cosas. El director de fotografía es quién elige la cámara, los artefactos de iluminación, etc. Lo mismo para el resto de jefes de equipo. Pero cancelar el rodaje no me parecía ni siquiera una opción. Había un crowdfunding detrás, centenares de personas e ilusiones y ya nos habíamos gastado más de la mitad del crowdfunding (3.780 euros en el alquiler del piso, unos 1.400 euros en pintura y decoración, las comisiones de Verkami y los bancos, etc.). Por otra parte contábamos con unos actores excepcionales (algo que podréis comprobar cuando veáis la película) con unas agendas cerradas y que ya se habían estudiado a fondo el guión. Y no menos importante, hacía más de una semana que Jota y unos voluntarios más que generosos trabajaban de sol a sol pintando las paredes de un piso con un techo altísimo, haciendo reformas de carpintería, fontanería, etc. ¿Podía decir en ese momento que todo se había acabado antes de empezar? No me parecía ni siquiera una opción. Había que sacarlo adelante sí o sí.

Necesitaba descansar, pensar un poco. ¿Pero como dormir con semejante panorama? Esa noche me tomé un par de pastillas diazepam. Gracias a eso conseguí dormir unas siete horas. Me levanté pronto y me dirigí a Barcelona (esas semanas previa dormía en Sabadell). Durante el viaje en tren fui pensando, bajé en plaza Catalunya y di unas cuantas vueltas por el centro de Barcelona antes de llegar al piso donde tenía a todo un equipo de voluntarios pintando y decorando. Me senté en el banco de una pequeña plaza en el Gòtic y recordé algo importante que me dio fuerzas y un moderado (muy moderado) optimismo para seguir adelante. Pero eso, lo explico la semana que viene. Buen fin de semana a todos.

FRANK TORO

Memorias de rodaje (I): semanas previas

La semana pasada decía que en una primera película es inevitable pagar alguna novatada que otra. No tengo ningún problema en admitir que en las semanas previas al rodaje cometí un error de cálculo. Por suerte todo acabó bien. Pero como dijo el Rey –lo siento mucho, me he equivocado, no volverá a pasar. Antes de ir a Barcelona a organizar el rodaje me propuse dejar bien cerrados otros temas en Madrid (relacionados con trabajos remunerados que nada tenían que ver con la película). En resumen, y para hacerlo corto, no aterricé en Barcelona hasta un mes antes del rodaje. ¡Santa inocencia! Ahora me doy cuenta de que aquello fue ajustar demasiado los tiempos. En aquellos momentos básicamente sólo quedaban dos cosas por hacer: alquilar un piso de ciertas características y alquilar los equipos técnicos (cámaras, luces, etc.). Lo que me parecía más difícil –contar con jefes de equipo y actores– en principio ya estaba hecho. Es más, un mes me parecía tiempo suficiente para alquilar un piso y los equipos técnicos. Pero no conté que alrededor de un rodaje pueden pasar muchas cosas y acaban pasando.

El primer problema con el que nos topamos fue con el de encontrar un piso de las características que buscábamos. En ese sentido nunca podré dar suficientemente las gracias a Jota que se pasó más de dos semanas buscando ese piso de sol a sol. Fui tan inocente como para pensar que con los tiempos que corren y con un mercado inmobiliario que no pasa precisamente por su mejor momento, no sería difícil encontrar un piso céntrico de unos 400m2 (el espacio ideal para un equipo de unas 30 personas) que además diera la estética de la película que queríamos hacer. Pero fue una locura. Creo que Jota llamó a todos los anuncios de páginas de alquileres y se paseó por las calles del centro (y más allá) buscando esos cartelitos que cuelgan en los balcones con la leyenda ‘se alquila’. Cuando decía que queríamos alquilar un piso por dos meses para una película eran dos las respuestas: ¡no! o pedir una barbaridad de dinero (nos llegaron a pedir hasta 36.000 euros por dos meses de alquiler). En los pocos casos que las gestiones acabaron en visitas fue desalentador. Por ejemplo, recuerdo un inmueble cerca del Carrer Ample en una calle en la que no podían entrar coches. Ni siquiera tenía suministro de agua y luz. El tiempo iba pasando e incluso llegué a temer que no pudiéramos hacer la película por no tener un espacio adecuado. Cuando apenas faltaban dos semanas para el inicio teórico (que luego fue el real) del rodaje apareció la solución. Jota encontró un piso que se correspondía bastante con lo que buscábamos y cuyos propietarios estaban dispuestos a alquilárnoslo. El inmueble no podía encontrarse en un lugar más céntrico (Diputación con Pau Clarís), tenía el aspecto exacto que buscábamos y no se salía demasiado del presupuesto (3.780 euros con impuestos y comisiones más una fianza de 2.500 euros). Eso sí, había un par de peros. El espacio se reducía de 400m2 a 200m2 (con lo que iba a suponer en incomodidad para el equipo) y era un cuarto piso sin ascensor (con unas escaleras tortuosas). Pero sólo faltaban dos semanas para empezar un rodaje que no se podía mover de fechas por la agenda de los actores y pensé que sólo eran dos meses (no era para quedarse a vivir).

Tras firmar el contrato de alquiler, pensé que podía relajarme un poco. Sí, era muy justo sanear, pintar y decorar un piso de 200m2 con techos tan altos en solo dos semanas pero eso lo dejé en manos de Jota que gracias a su generosidad y a la de amigos y familiares suyos lo hicieron. Fue una carrera agotadora. Yo entonces, aparte de reunirme cuando podía con los actores (los pobres me reclamaban pero yo estaba apagando otros incendios), llamé a los jefes de equipo para que visitaran el piso e hicieran sus cálculos. Susana, que iba a ser la directora de fotografía, debía calcular los equipos que iba a necesitar. Por otra parte Natxo, que iba a ser el jefe de sonido, debía estudiar las condiciones de sonido. Sí, sé que era muy justo. Pero el piso/espacio se había hecho esperar más de lo previsto. Por otra parte, ya habíamos pagado el alquiler y no nos podíamos echar atrás. Casi la mitad del crowdfunding (alquiler del piso, pintura, muebles) ya se había gastado. Una tarde vino Susana y enseguida me di cuenta de que algo no iba bien. En ese momento no dijo que no seguiría adelante pero lo pude percibir perfectamente. De hecho, hablaba con Jesús y le decía que me daba miedo quedarnos sin director de fotografía. Una semana después, cuando quedaba menos de una semana para el inicio del rodaje, Susana me envió un mail con el encabezado ‘leer con cariño’. Sólo con leer el encabezado supe que nos quedábamos sin directora de foto. No había vuelta a atrás. Había un crowdfunding por medio y el calendario de los actores era el que era. Al día siguiente me llamó Natxo. Sé que quizás no es elegante decir esto pero quiero decirlo aquí: Natxo me dijo que él sólo iba a trabajar con su equipo (grabadora y micrófonos) y que debíamos pagar un alquiler de varios miles de euros para que hiciera el sonido de la película. En ningún momento se había hablado de eso. Siempre dejé claro que trabajaríamos con el equipo de KINELOGY que era gratis. Mi respuesta fue tan rápida como contundente: NO. No sé si esa fue la forma de Natxo de decirme que tampoco pensaba participar en el proyecto. Sea como sea, las cosas se habían complicado y mucho.

En resumen, quedaba menos de una semana para el inicio teórico del rodaje y todo se estaba desmoronando. ¡Estrepitosamente! Supongo que más de uno pensó que no era más que un director novato sin dinero que no sacaría adelante el proyecto, pero no me conocían bien. LOS AMORES INCONCLUSOS tenía que salir adelante y saldría. Pero como conseguimos salir adelante es algo que explicaré en otra entrada.

FRANK TORO

Amanece que no es poco

En una primera película, como es lógico, se pagan muchas novatadas y mi caso no es una excepción. No es que no me lo esperara, que si me lo esperaba. Pero claro, una cosa es esperarlo y otra vivirlo. Y eso que antes de empezar me dije a mi mismo –tranquilo chaval, sólo con sacarlo adelante ya te puedes dar por contento. Y como lo hemos sacado adelante, creo que con mucha dignidad, podemos darnos por satisfechos. Aun así, son muchas las anécdotas/vicisitudes por explicar.

Cuando se empieza algo completamente nuevo con mucha ilusión, es imposible no caer en la ingenuidad. Yo no fui ‘algo ingenuo’; fui muy ingenuo. Entre otras cosas, antes de empezar, me propuse escribir cada día un diario de rodaje para informar día a día sobre el rodaje en el blog de la película. ¡Santa inocencia! Durante los más de dos meses de preparativos finales y rodaje entendí perfectamente porqué Pedro Almodóvar o Isabel Coixet dicen que durante los rodajes el único ‘recreo’ que se pueden permitir es leer relatos muy breves de dos o tres páginas. En mi caso ni siquiera conseguí concentrarme para leer esas dos o tres páginas diarias. Mis ‘lecturas’ fueron fragmentos de la serie documental Cosmos de Carl Sagan que siempre me relaja. Por supuesto, de escribir un diario ni hablar. Pero ahora que lo más duro ha pasado, semana a semana, por lo menos hasta que esté montada la película, encuentro el tiempo, no para escribir un diario (que ahora es imposible porqué ya pasó), sino unas ‘memorias’ de rodaje.

En muchas ocasiones Sara Sebastián (la editora) y yo decimos medio en broma que esto o lo otro será muy diferente en la próxima película. ¡Por supuesto! Pero se aprende de la experiencia. Muchas veces tengo la sensación de que está mal visto equivocarse (no digamos reconocer errores). Pero TODO el mundo se equivoca. El error forma parte del día a día y para tener un acierto primero hay que cometer unos cuantos errores. No todo va a ser perfecto. Muchas cosas deben de ser imperfectas para poder evolucionar. Otro elemento crucial en la vida es la suerte (aunque también es cierto que cuanto más trabajo más suerte tengo). Por eso, cuando considero todas las vicisitudes que se sucedieron durante el rodaje, me congratula ver en la mesa de montaje el buen resultado de aquellos días. No quiero decir que todo fuera negativo, todo lo contrario. Si bien hubo momentos duros, como cuando Susana (que iba a ser la directora de fotografía) a cinco días del rodaje dijo que no lo veía y abandonó el proyecto, dos días después, tuvimos la enorme fortuna de que apareciera Sara López (la directora de fotografía que ha hecho un trabajo estupendo). Cuando parecía que todas las puertas se cerraban se abría otra… y así durante dos meses. ¡Agotador! Ahora entiendo bien cuando nuestra amiga Helena Taberna dice que hacer cine no es difícil; es un milagro.

Pero poco a poco, que si no nadie va a leer una entrada tan larga. Durante las próximas semanas iré publicando esas ‘memorias’ de rodaje. Por supuesto, serán mis memorias, y desde mi punto de vista. Pero no puedo escribir otras memorias que no sean las mías.

Frank Toro