Memorias de rodaje: segunda jornada

El ‘jumbo’ había despegado, ahora era cuestión de mantenerlo en vuelo durante aquellas seis semanas que me parecían una eternidad. Pier Paolo Pasolini decía que durante las tres primeras noches de su primer rodaje no consiguió dormir más de cinco minutos seguidos. Tan pronto como conseguía conciliar el sueño se despertaba pensando en los planos que iba a rodar al día siguiente. A mi me pasaba lo mismo. Además, había un asunto que me inquietaba mucho: el guión técnico.

De nuevo (los que sabéis mucho de cine), permitidme un inciso aquí para explicar en que consiste realmente el guión técnico. Por una parte tenemos el guión literario. Posiblemente habéis visto algunos. Es el guión que se da a los actores. El guión en el que aparecen unas acotaciones del tipo ‘Dani entra’, el nombre de los personajes, y lo que dicen. Es el guión que edita editoriales como 8 ½. Pero además está el guión técnico. En el guión técnico se detalla, aparte de la información que aparece en el guión literario, en que planos se desglosa cada secuencia, donde estará la cámara, que debe escucharse en cada momento, etc. El guión técnico muchas veces se acompaña de un storyboard que, como ya sabéis, es una especie de ‘cómic’ o ‘tebeo’ de la película. Haciendo clic aquí podéis ver una página del guión técnico de Los Amores Inconclusos. No hace falta decir que el guión técnico es un documento importantísimo a la hora de hacer una película. Ese guión nos está diciendo cosas como «la secuencia X se graba en 4 planos – las dos primeras líneas de diálogo en plano frontal general/master, un plano medio corto del actor Y seguido de un contraplano del actor Z con un plano detalle del teléfono que tiene en las manos el actor Y». El director de fotografía es lo primero que te pide para saber cuantos planos hay que rodar y desde donde. El jefe de sonido necesita el guión técnico para calcular cuantos micrófonos hacen falta y donde los va a poner. El guión técnico es igualmente imprescindible para el resto de equipos. Por ejemplo, para que los departamentos de producción y arte sepan en que set se va a rodar y que atrezzo es necesario.

Hecho este inciso, vuelvo a mi preocupación por entonces que era el guión técnico. Habíamos preparado un guión técnico, por supuesto. Pero aquel guión había sido preparado antes de saber donde íbamos a rodar realmente. Era un guión planteado sobre un espacio ideal que no existía. Por ejemplo, el guión técnico contempla una mesa en la cocina. En muchas de las secuencias que pasan en la cocina, el guión preveía a los protagonistas sentados alrededor de la mesa de cocina. Pero resulta que la cocina en la que se rodaron finalmente las secuencias era demasiado pequeña para ubicar una mesa y por lo menos un par de sillas. Casi todo lo previsto inicialmente para las escenas en la cocina no servía. Otro problema, el guión técnico se había escrito pensando en una situación ideal en la que las habitaciones de Dani y Eduardo daban directamente al salón. Pero en el espacio real, solo la habitación de Eduardo daba al salón. En todo eso proceso habían cambiado muchas cosas, habían desaparecido espacios y aparecido otros como largos pasillos. No es que no me gustaran aquellos pasillos, al contrario. Creo que han mejorado la estética de la película. Pero, sencillamente, no se habían planificado en el guión técnico. Lo ideal sería haber rehecho el guión técnico nada más alquilar el piso. Pero ya sabéis como fueron las cosas. Sencillamente, no fue posible.

Para la segunda jornada de rodaje se habían planificado cinco secuencias, todas ellas en la calle. Debido a la luz, se debían rodar entre las últimas horas de la tarde y la noche. Eso nos concedía una mañana libre. Intenté aprovechar aquella mañana para, por fin, poder rehacer el guión técnico. Me levanté muy pronto y me puse a trabajar. Pero enseguida me di cuenta de que era una idea demasiado ‘Bob Esponja’ pretender revisar un documento de más de cuatrocientas páginas en una sola mañana. Al final llegué a la conclusión de que la única opción viable era revisar día a día las secuencias correspondientes al día siguiente. Ya debían ser sobre las dos de la tarde cuando llegué a aquella conclusión. Por suerte, las secuencias de aquella jornada no requerían prácticamente modificaciones sobre el guión técnico original. Comí lo que pude (en un rodaje comes lo que puedes y lo que te admite el estómago que no es mucho) y empezó el espectáculo de esa segunda jornada.

Las primeras secuencias las fuimos a grabar a Arc de Triomfun espacio muy reconocible y emblemático de Barcelona. Producción había lanzado una convocatoria a través de las redes sociales para reclutar extras. Por lo que recuerdo era una tarde muy agradable, muy soleada. De repente descubría allí a Emilio, Susana, e incluso a una prima mía, Sandra, a la que no había visto en mucho tiempo. Por supuesto, había muchos más amigos. La primera secuencia, sin diálogo, se grabó sin problemas. La segunda secuencia era más compleja porque había un diálogo bastante largo. El equipo de producción y el ayudante de dirección habían previsto rodar aquella segunda secuencia allí pero no me gustaba aquel espacio: demasiada gente y demasiado ruido. Así que me escapé con Sara López (la directora de fotografía) en busca de un espacio más ‘íntimo’. A pocos metros había un parque que era perfecto para rodar aquella secuencia. Producción, sin embargo, me aviso de que no podíamos grabar en aquel parque. El Ayuntamiento de Barcelona nos había dado un permiso para grabar en cualquier calle siempre que no cortáramos el tráfico. Pero no podíamos grabar en parques públicos (no sé porqué). Aquello era un parque público y en principio no podíamos rodar allí. De todas formas, decidí correr el riesgo. Desplazamos a todo el equipo y empezamos a rodar la secuencia. Era una secuencia en cuatro planos. Se había hecho tarde y había que darse prisa o se haría de noche y eso podía arruinar el plan de rodaje. Uno de los momentos más tensos fue cuando vimos acercarse un coche de la policía municipal de Barcelona. En esos momentos pensé que no grabábamos aquella secuencia. Por suerte, los agentes fueron tan simpáticos como para ignorarnos y pudimos completar la secuencia. Acabamos justo a tiempo. Luego recuerdo que comimos unas pizzas y unos pollos asados (¡pobre pollos!) en el piso de rodaje. Tras la cena, bajamos a Gran Vía/Passeig de Gràcia a rodar las tres secuencias nocturnas que faltaban. Eran planos secuencias muy breves. Todo fue bien aunque el permiso de rodaje era hasta las once de la noche y se hizo casi la una. Una vez más damos las gracias a la policía municipal de Barcelona por su comprensión.

Aquella noche me quedé a dormir en el set/oficina de rodaje que estaba a dos manzanas de donde habíamos rodado las secuencias nocturnas. Pero antes de ir a dormir revisé todo el material grabado. Había quedado estupendo. Había valido la pena correr el riesgo de grabar la segunda secuencia de la tarde en un parque en el que no estábamos autorizados a rodar. Visto ahora, me parece una de las secuencias más bonitas de la película. Las secuencias nocturnas breves con Roger habían quedado espectaculares. Tanto que formarán parte de uno de los teasers que muy pronto podréis ver. Habíamos sobrevivido a la segunda jornada de rodaje y habíamos sobrevivido bien. Eso era lo que importaba.

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Memorias de rodaje: primera jornada (segunda parte)

Ahora, visto en perspectiva, me doy cuenta de que aquella primera jornada de rodaje fue un resumen perfecto de todo lo que iba a venir. Ya durante el primer día recordé varias veces un almuerzo con Dunia Ayaso, Félix Sabroso, María Ripoll y Helena Taberna (todos ellos directores de prestigio) en el XII Festival de Cine Español de Málaga. Dunia hablaba sobre lo importante que era trabajar con gente con la que realmente tienes ‘química’ – gente a la que conoces bien y con la que sabes que puedes comunicarte sólo con la mirada. Todos estábamos de acuerdo. También recuerdo que empezaron a salir nombres de personas con las que nunca trabajaríamos. No porque no fueran grandes profesionales, que lo son, si no por esa cuestión de ‘química’. Cierto director de fotografía o de arte, puede comunicarse a la perfección con un director pero no con otro. Y esto, por supuesto siempre es cosa de dos. Dunia añadía que cuando no hay ‘química’, con lo estresante que es un rodaje, puedes acabar a palos y casi a navajazos. Todos empezamos a explicar anécdotas de profesionales con los que habíamos trabajado alguna vez y con los que no volveremos a trabajar. Con Los Amores Inconclusos corríamos un riesgo importante, el equipo se había formado de forma muy precipitada, en pocos días, y prácticamente nadie conocía a nadie. Temía que en un entorno tan estresante como el de un rodaje saltaran chispas, y así fue. 

Tengo que agradecer de todo corazón a todos los miembros del equipo su dedicación y profesionalidad pero al final, nos guste o no, somos humanos y eso de ser ‘humano’ conlleva muchas cosas –unas buenas y otras no tanto. Me hace gracia cuando se dice aquello de que somos profesionales y que ciertas ‘mochilas’ las dejamos en la puerta antes de entrar en el trabajo. No es cierto. Todos sabemos que no es así. El tema de las afinidades, de la ‘química’ entre personas, es algo complejo. ¿Nunca os habéis preguntado porqué fulanito o fulanita se ha fijado en no sé quién que es un ‘impresentable’? Por lo menos a mi me pasaba mucho. En la época en que iba a discotecas los sábados por la noche, cuando lo habitual era que te presentaran a alguien cada noche, básicamente podían pasar tres cosas: que te enamoraras de esa persona (literalmente), que te diera bastante igual (lo más habitual) o que te pareciera la persona más horrible que te habían presentado jamás. ¡Y todo eso sin conocer realmente a esa persona! En un segundo, de forma irracional… ¡química! (o no ‘química’). ¿Tampoco os pasó nunca que vuestro mejor amigo o amiga, de forma incompresible, se fijara en esa persona que te parecía lo peor del mundo con diferencia? Y no solo eso, sino que acabara siendo el novio o la novia de esa persona que no podías ni ver. ¿¡Es que se había vuelto ciego/a!? Es como cuando te preguntas como a alguien –pongamos en el trabajo– le puede caer mal tu pareja que es el más guapo/a y encantador del mundo. Pero es lo que tiene ser humano. La ‘química’ es algo muy complejo, en lo que participa la psicología, las hormonas y no sé cuantas cosas más, muchas de ellas atávicas. Por suerte, era un rodaje, con eso quiero decir que no nos íbamos a casar entre nosotros, y todo finalizaría en seis semanas. Pero había que convivir con esas ‘químicas’ y hacer todo lo posible para que no afectara al resultado final.

Eso sí, cuando se produce la deseada ‘química’ la sensación es estupenda. Esa es por lo menos la sensación que tuve con la directora de fotografía, Sara López, o el jefe de sonido, Jorge Lombardo. Y sólo por citar dos nombres. En esta entrada no puedo citarlos a todos por cuestión de espacio, pero lo iré haciendo semana a semana. Todo el mundo es imprescindible en un rodaje pero algunos profesionales, por decirlo así, tienen más responsabilidades que otros. Con eso no pretendo desmerecer a nadie. Pero es cierto que a las espaldas de algunos profesionales se cargan mochilas más pesadas que en las de otros. El director de fotografía, por ejemplo, carga con una responsabilidad enorme. Es el responsable de que la película se vea bien. Por supuesto hay un equipo detrás de él y sin ese equipo no podría hacer nada. Por eso todos los miembros del rodaje son imprescindibles. Pero también es cierto que si la película no se ve bien, quien se llevará los ‘palos’ será el director de fotografía (no su equipo). Por eso, para cualquier director, es vital elegir bien al director de fotografía. Es imprescindible que te comuniques bien con él (en este caso ella). Como sabéis, en principio íbamos a tener otra directora de fotografía, pero al final decidió no seguir adelante. Yo había trabajado ya con aquella directora, la conocía y sabía que era una excelente directora de fotografía. Eso me daba cierta seguridad. Pero como luego pasó lo que pasó había que ‘jugársela’ con un director o directora con él que nunca había trabajado. Era una apuesta arriesgada –incluso me atrevo a decir que osada– El primer día estaba preocupado por ver si Sara iba a funcionar como directora de fotografía, si nos íbamos a comunicar bien. Durante el rodaje me sentí muy cómodo trabajando con ella y con su equipo. Aquello me dio buena sensación. Pero aun me sentí más aliviado, cuando al finalizar la jornada, en el despacho de producción, Sara y su equipo me enseñaron el material que habíamos filmado. ¡Qué gran trabajo! ¡Qué fotografía tan estupenda! En la próxima película haré todo lo posible para volver a contar con Sara López.

En fin, acababa la primera jornada de trabajo, habían surgido problemas, como cuando el equipo y los actores (os pido disculpas desde aquí) se vieron obligados a esperar con los brazos cruzados durante más de una hora porque no se había previsto que hacían falta naranjas para filmar una determinada secuencia. Pero también se habían producido sorpresas agradables, como descubrir que la película se iba a ver y a escuchar tan bien, tras rodar las imágenes del primer día, y que contábamos con unos actores estupendos.

FRANK TORO

Memorias de rodaje: primera jornada (primera parte)

Miércoles, 19 de junio de 2013, primera jornada de rodaje. Está previsto rodar las secuencias 23, 23, 24 y 73. En la orden de rodaje se nos cita de ocho de la mañana a cinco de la tarde con motor a las 9:00. ¿Qué significa todo eso? Si duda, aquellos que están habituados a la mecánica de un rodaje lo saben bien. Pero para aquellos que no y sienten curiosidad por saber como funciona un rodaje (por lo menos el nuestro), ahí va este post.

Por supuesto, antes de empezar el rodaje se hace un planning completo de todos los días. O por lo menos debería ser así. Ese planning consiste en detallar que secuencias se rodarán cada día, que actores deben de estar presentes y otros detalles como la localización (decorado o lugar donde se va a rodar). Hacer el planning global para el rodaje de Los Amores Inconclusos fue todo un rompecabezas. No contábamos con todo el mundo todos los días y para rodar ciertas secuencias, además, debían coincidir ciertas personas. Por ejemplo, para rodar, digamos la secuencia X, puede ser que se necesiten los actores Y y Z. Pero puede darse la circunstancia, y muchas veces se da, que el actor Y el actor X solo están disponibles ciertos días. Además, se daba la circunstancia de que estaba previsto empezar el rodaje el día 17 de junio pero luego, por las razones que ya conocéis, se aplazó todo al día 19. En resumen, lo más habitual es que el planning general se tenga que modificar sobre la marcha más de una vez y así fue. Pero supongo nada de eso debe sonar a nuevo a cualquier persona que se dedique a coordinar grupos de personas, por ejemplo, en un departamento de recursos humanos o en la secretaría de una escuela que debe organizar el horario de profesores y alumnos. ¡Todo un rompecabezas!

Por eso, la orden de rodaje (puedes verla aquí) se completa y entrega de un día para otro. La orden de rodaje suele consistir en un folio (solo por una cara) en el que se detalla que secuencias se rodaran al día siguiente. Esa orden, que se entrega a todos los miembros del equipo, indica quién debe de estar y a que hora en el rodaje. En nuestra primera orden de rodaje, por ejemplo, se dice que el equipo técnico debe estar en el set de rodaje a las ocho de la mañana y que Roger Berruezo y Laya Martí (los actores que interpretan los personajes de Eduardo y Verónica) están citados a las 8:30 en vestuario y a las 8:40 en peluquería y maquillaje. Adolfo Álvarez (el actor que interpreta a Adolfo) está citado a las 13:40 porqué su escena es la última. El ‘motor’ está programado a las nueve. Es decir, todo el mundo debe estar preparado para rodar a las nueve de la mañana. Esos son los datos más importantes que hay en una orden de rodaje pero hay muchos más, algunos tan curiosos (pero útiles) como a que hora saldrá el sol o dónde está el hospital más cercano. También el horario de las comidas y descansos. Y la rutina siempre es la misma, al final de cada jornada (o por lo menos debería ser así) se entrega a todos los presentes la orden de rodaje correspondiente a la siguiente sesión. A aquellos que no están presente (por ejemplo, porqué ese día su personaje no participa) se les envía la orden por correo electrónico. Personalmente, guardo todas las órdenes de rodaje en soporte papel como recuerdo; perfectamente ordenadas en una carpeta roja.

Y allí estábamos, expectantes ante la primera jornada de rodaje. El reto no era fácil. Era mi primer largometraje ‘de verdad’, habíamos tenido que improvisar demasiado debido a las ‘deserciones’ de última hora y era consciente de que íbamos a sufrir mucho la carencia de medios. Pero había que salir adelante como fuera. ¡Cuantas veces recordé las palabras de otros directores a lo largo del rodaje! Cada vez más, llego a la conclusión de que en la vida acabamos representando el papel que nos corresponde y nada más. No hay nada como ponerse en la piel de otro para entender a ese otro e incluso acabar descubriendo que eres ese otro. Creo que eso nos ha pasado a muchos, por ejemplo, con nuestros padres. Cuando tienes quince años es muy difícil entender porqué tus padres hacen o dejan de hacer ciertas cosas. Pero cuando llegas a la edad que entonces tenían tus padres acabas entendiendo muchas cosas. E incluso, con gran sorpresa, te descubres haciendo las mismas cosas. Como aspirante a director, durante años leí clásicos como la entrevista de Truffaut a Hitchcock o los muchos artículos escritos por Almodóvar pero, os aseguro, que hasta Los Amores Inconclusos no entendí de verdad muchas de las cosas que decían esos gigantes del cine. Por otra parte, las palabras y consejos de directores a los que conozco personalmente o con los que pude compartir alguna vez un almuerzo o unas cervezas, como Helena Taberna (Yoyes, La Buena Nueva, Nagore); Dunia Ayaso y Félix Sabroso (Perdona bonita, pero Lucas me quería a mí; Los años desnudos; La isla interior) o Isabel Coixet (Cosas que nunca te dije, Mi vida sin mí, The Secret Life of Words), resonaron una y otra vez en mi cabeza. Pero, ¿cuáles eran aquellos consejos y palabras que tanto recordé? Seguimos la semana que viene, que se hace tarde. Buen fin de semana a todos.

FRANK TORO

Memorias de rodaje: una orquesta en un avión

¡Por fin llegó el primer día! El día que tanto había esperado pero también temido. ¿Qué iba a pasar? ¿Conseguiríamos sacar adelante el proyecto? Porque una cosa es la teoría y otra la práctica. Más o menos, la teoría la tenía clara pero ahora faltaba la práctica. Y sin duda Los Amores Inconclusos ha sido el mejor master de cine que podía cursar. No habría aprendido, ni de lejos, todo lo que he aprendido con este rodaje ni siquiera en la mejor escuela de cine en EE.UU., en el master más caro. Consejo para futuros cineastas: hay que lanzarse a la piscina. Está bien ir a una escuela pero al final no queda otra que lanzarse a la piscina. Y yo me había lanzado ¡y como!

La teoría dice que dirigir una película es como dirigir una orquesta. Y es cierto… si realmente te dedicas a dirigir. El problema es que en tu primera película puedes acabar no sólo dirigiendo sino haciendo mil cosas más. Por lo menos ahora sé que ese fue mi caso. Pero volvamos al símil de la orquesta. ¿Qué hace un director? Primero, más o menos, imaginar como quiere que suene la música (= la película) que va a interpretar (= el guión). ¿Es lo mismo la partitura que la música? No. La partitura es la teoría, el punto de partida, pero no la música. Una partitura puede interpretarse de infinitas formas: con más o menos brío, con matices más oscuros o brillantes, etc. Los músicos y los cantantes (pongamos que es una cantata) son fundamentales. Por eso, en segundo lugar, el director debe seleccionar los ‘músicos’ (= actores y técnicos) que realmente pueden interpretar la música como él ha imaginado. Y, tercero, luego hay que coordinar todo ese equipo humano. Si cada músico se pone a tocar por su cuenta, de forma descoordinada, el resultado será caótico. Sonará fatal. Lo mismo sucede con la dirección en cine. El director debe coordinar un grupo humano muy diverso de forma que todo ese equipo se mueva en una misma dirección. La ‘melodía’ final debe sonar bien, de forma ordenada y armónica. Eso ya es suficiente trabajo como para abrumar a cualquiera.

Pero como decía unas líneas atrás, parece ser que algunos directores caen (debería decir, caemos) en el error de no valorar la producción en su justa medida. Algo así dice Woody Allen en el libro Woody Allen por si mismo de Richad Schickel (2003). El famoso director neoyorquino reconoce (y yo no voy a ser menos) que no calculó bien la importancia de la producción en sus primeras películas. Pero ¿qué es realmente la producción? Si para describir la dirección he empleado el símil de la orquesta, para describir lo que es una producción no encuentro un símil más apropiado que el de hacer despegar, mantener en vuelo y aterrizar con suavidad un ‘jumbo’ (hasta no hace mucho el avión comercial más grande). Un largometraje es como un vuelo intercontinental. Hay que atravesar un océano inmenso y no hay vuelta atrás. Si algo falla en pleno vuelo caes en picado al mar y no se salva nadie. Si una película, como la nuestra, consta de 106 secuencias tienes que filmarlas TODAS con dignidad (que es como se hizo). Es eso o nada. No puede faltar ni una sola secuencia. Y por fallar pueden fallar miles de cosas. Si en una empresa, digamos de corte más tradicional, falta alguien un día la actividad suele salir adelante. Es más, si un trabajador se va, se sustituye por otro pero ¿qué pasa si un actor abandona el barco (en este caso más bien ‘avión’) a mitad de rodaje? En vuelo, sobre el océano, o llegas al otro lado o no llegas. No pueden fallar los motores, ni los sistemas de seguridad, ni los satélites que guían el avión. Como mucho, dentro del avión, puede fallar el catering o el sistema de entretenimiento en vuelo (mejor que no falle), pero como falle algo realmente ‘funcional’ se acabó todo. Pues bien, en eso consiste la función de la producción. El jefe de producción pilota todo un ‘jumbo’, que debe despegar, mantenerse en vuelo y aterrizar con la máxima suavidad posible.

Por supuesto ya calculé que íbamos a sufrir con la producción –no llegábamos ni a lowcost– pero nunca imaginé hasta que punto. Para empezar nuestro ‘jumbo’ ni siquiera era un ‘jumbo’ al uso. Era un ‘jumbo’ fabricado con los restos de otros ‘jumbos’, con piezas de desguace. Era casi un milagro que volara pero nos habíamos propuesto hacer la película sí o sí y era eso no nada. Había que adaptarse a lo que había y punto. En esas condiciones, más que nunca, era necesario contar con un jefe de producción con una entrega e implicación incondicional al proyecto. Lamentablemente no pudo ser así. La jefa de producción inicial, como ya sabéis, se desligó del proyecto. A pocos días del inicio del rodaje nos vimos obligados a buscar un jefe de rodaje alternativo. Preguntamos a varias personas de confianza pero no podían asumir esa responsabilidad con tan pocos días de antelación. Por eso nos vimos obligados a buscar voluntarios en escuelas de cine. Era una locura…, pero a esas alturas no había vuelta atrás. 

El jefe de producción debe mantener la nave en vuelo (sí, sé que es pedir mucho) mientras la ‘orquesta’ (= dirección) trabajaba en la cabina creando una melodía hermosa (= película). El jefe de producción, el ‘piloto’ de la nave, debe pilotarla, estar atento a todo, detectar los problemas incluso antes de que sucedan, solucionarlos o, por lo menos, minimizarlos para que el engranaje artístico pueda concentrarse en su tarea.

Podría culpar de los problemas de producción que arrastramos durante todo el rodaje a la persona que al final asumió aquella enorme ENORME responsabilidad. Podría culparme a mi mismo. Pero no sería justo del todo. Porqué todos cometimos errores. Las condiciones, las situaciones, quizás no eran las ideales pero habíamos decidido sacar adelante Los Amores Inconclusos y así lo hicimos, con mucha dignidad. Y todo lo demás queda para el anecdotario, para estas memorias, que en si mismas, ya son toda una ‘película’. La semana que viene, el primer día de rodaje.

FRANK TORO