Memorias de rodaje: quinta jornada

Miércoles, 26 de junio. De nuevo nos enfrentábamos a una jornada ‘fácil’ (si es que eso existe en un rodaje). Solo disponíamos de Xavi Duch. El resto de actores seguían ocupados con compromisos ineludibles. Roger con La Bella y la Bestia, Mont con Campanades de Boda, Laya con un curso de interpretación (era la profesora) y Adolfo memorizando el guión línea a línea. En espera de días más ‘moviditos’ y jornadas maratonianas, rodábamos cuatro secuencias nocturnas sin diálogo con Xavi. El ‘motor’ estaba programado a las once de la mañana y para la hora de la comida ya habíamos terminado. ¿A las once de la mañana? ¿No eran secuencias nocturnas?

Todos sabemos que el cine es una gran mentira. Yo lo sabía, claro, pero cada día me sorprende más hasta que punto. En estos días que estamos acabando el primer montaje de la película, me doy cuenta de la gran mentira/ilusión que es. Cuando ves la película todo parece muy ‘normal’, muy ‘natural’, pero en el fondo es como un Frankenstein – hecho con partes de diferentes cuerpos. ¿Un ejemplo? Las tomas de diálogo. En la película hay muchos diálogos entre dos personajes. Dado que la cocina era un espacio reducido, no había muchas opciones a la hora de situar la cámara. Lo habitual era rodar un plano ‘master’ en el que se ve a los dos personajes, un primer plano de un actor y otro primer plano del otro actor. El diálogo se rueda completo desde esas tres posiciones. Luego en edición se suele empezar y acabar con el ‘master’ y en el medio hacemos lo que se llama el plano/contraplano. Eso del ‘plano/contraplano’ (para los que nunca habéis hecho cine) es cuando se ve la cara de un actor y luego la del otro. Es el ‘toma y daca’ en que se pasa del rostro de un actor al del otro. Pues bien, por extraño que pueda parecer, en más de una ocasión esos dos primeros planos de los actores no se graban el mismo día. Eso puede pasar, por ejemplo, debido a problemas de agenda de los actores. Eso sí, cuando luego vemos la película, parece que los dos actores están hablando el uno con el otro, en el mismo lugar y en el mismo momento (que es lo natural). Pero no es más que un artificio. El espectador no lo sabe pero los actores y los técnicos sí. Ese diálogo es como ese Frankenstein que decía antes, un ‘ser’ formando de los ‘retales’ de otros. Me sorprende luego ver lo ‘natural’ que resulta ese diálogo entre dos personas que ni siquiera se estaban viendo.

Por supuesto, sobra decir que el hecho de que una escena sea ‘nocturna’ no implica que se tenga que rodar por la noche. Aquel miércoles las cuatro secuencias eran nocturnas pero las grabábamos durante las horas de más luz de un espléndido día de verano. A todo esto una nota para mi mismo: no volver a rodar una película (por lo menos de ‘guerrilla’) en pleno verano. Para grabar las secuencias nocturnas en pleno día se cierran todas las ventanas. En realidad siempre había que cerrarlas para aislar el ruido exterior (recordad que grabábamos en un piso en Diputació con Pau Claris). Pero cuando ruedas secuencias nocturnas siendo de día, además, es necesario sellar las ventanas para que no entre luz. Existen sistemas más o menos sofisticados para hacerlo. Pero como nosotros éramos tan pobres, nuestro sistema consistía en forrar los cristales con papel de aluminio (que no deja pasar la luz). Aparte de eso también hay que colocar telas debajo de las puertas, etc. En principio, eso no es un gran problema. Pero se convierte en un problema en pleno verano. Los veranos en Barcelona suelen ser muy húmedos y el calor se pega a todo el cuerpo. Pues imaginad, 30 personas ‘encerradas’ durante horas en un piso, con focos que consumen miles de vatios y otros artilugios caldeando más el ambiente. Tampoco había aire acondicionado. Así que la temperatura empezaba a subir y a subir. Eva (nuestra estupenda maquilladora) tenía que estar todo el rato al lado de los actores secándoles el sudor. Y no solo eso, los actores, muchas veces, tenían que vestir mangas largas y ropa de invierno. Los técnicos, afortunadamente, podían ir en pantalones cortos y chanclas, pero aun así recuerdo verlos sudar a chorro. Me daba miedo que a alguien le diera una lipotimia. Por suerte, no pasó. Pasar tanto calor también influía en los ánimos y estados de humor ¡Qué pacientes fuimos todos! El único alivio (que no era mucho) llegaba durante los descansos. En esos momentos, los auxiliares abrían todas las ventanas para que corriera el aire. En una jornada de rodaje se podían llegar a abrir y cerrar hasta veinte veces las puertas y las ventanas. Durante el rodaje, cuando la cámara no estaba rodando, siempre había alguien que nos abanicaba con las ‘aspirinas’ (unas planchas de tela muy ligeras para rebotar la luz que miden más o menos un metro y medio de diámetro).

Por suerte aquella jornada era corta y solo sufrimos el calor durante tres/cuatro horas. Qué miedo daba pensar en futuras jornadas maratonianas de sol a sol con días que era de esperar que fueran más calurosos. Pero esa es la gran mentira del cine, gente que parece que está en la misma habitación pero que no lo está, gente que parece pasar frío cuando la temperatura en el ‘set’ supera los cuarenta grados y escenas nocturnas cuando fuera hace un sol de justicia. ¡Viva el cine!

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Memorias de rodaje: cuarta jornada

Martes, 25 de junio. El lunes no habíamos rodado porque era festivo (Sant Joan). Se agradecía aquel paréntesis de tres días. El rodaje ya estaba en marcha e iniciábamos la segunda semana. Estábamos citados a las diez de la mañana. Esa noche no había dormido en el set de rodaje pero llegué pronto (tampoco podía ser de otra forma). Sobre las ocho de la mañana. Antes de que llegara nadie quería revisar bien el guión técnico y adaptarlo al espacio real. Recuerdo que esperaba ese día con mucha expectación. Era la primera jornada en que Xavi Duch tenía que emplearse a fondo. Ya habíamos rodado algunas secuencias con él pero habían sido secuencias de ‘baja intensidad’ como la entrada al videoclub en la que no hay diálogo. Pero aquel día Xavi tenía suspirar, berrear, gritar, llorar… en fin, poner toda la carne en el asador. No es que no confiara en él, todo lo contario. Si algo me daba confianza era el pedazo de actores con los que contábamos. Pero a Xavi nunca lo había visto en pantalla (hasta entonces sólo había hecho teatro). Esta era su primera película y además le había ‘tocado’ el personaje más ‘oscuro’ y el que aparece más tiempo en pantalla. A Roger Berruezo, Laya Martí y Mont Plans ya los había visto en pantalla. Sus personajes eran complejos pero no tenía la más mínima duda de que los interpretarían de forma brillante. Adolfo Álvarez nunca había hecho cine pero había interpretado el personaje de Adolfo en la versión escénica con el título El Sexe dels Àngels. Sabía que nadie lo podía interpretar mejor que él. Por lo que sólo me faltaba ver a Xavi en acción – pero en acción de verdad. Sólo necesite un par de tomas para darme cuenta de habíamos hecho la mejor elección posible. Xavi, como el resto de actores, está enorme. Hemos tenido mucha suerte en poder contar con unos actores tan generosos.

Es estupendo trabajar con unos actores que sabes que van a funcionar solos. Pero si además cuentas con la colaboración de Miriam Escurriola, nuestra ‘coach’ de actores, mejor que mejor. En principio, el ‘coach’ de actores iba a ser otra persona pero por motivos personales no pudo incorporarse. Afortunadamente, unos días antes de iniciar el rodaje, Laya me preguntó si se había previsto incorporar un ‘coach’ de actores. Respondí que estábamos buscando uno y Laya me recomendó a una directora de teatro que, además, había trabajado ya con Xavi. Pedí a Producción que me concertara una entrevista con Miriam y mi impresión no pudo ser mejor. Me sorprendió lo rápido que Miriam entendió lo que quería. Faltaron cuatro palabras. Desde entonces, Miriam fue imprescindible. Si hay algo que me pese, es no poder haber dedicado más tiempo a trabajar los personajes con los actores. Pero ya sabéis que hubo momentos en que todo fue apagar un incendio tras otro. Claro que con Miriam me quedaba muy tranquilo. Era uno más de aquellos pequeños milagros que no suman sino que multiplican. Miriam estaba en todo momento con los actores; revisando las líneas de diálogo mientras el equipo técnico preparaba el set, la cámara, las luces, los micrófonos y el resto de la parafernalia. Miriam ayudaba a los actores a ambientarse y a entender mejor su personaje. Observé mucho a Miriam y he aprendido muchísimo sobre dirección de actores con ella. Por cierto, os recomiendo su último espectáculo que podéis ver en Barcelona hasta el 12 de enero. Tampoco os perdáis a Xavi Duch en el programa Crakovia de TV3.

Cierro el paréntesis y vuelvo a la cuarta jornada de rodaje. Había muchas escenas que rodar. En total siete páginas de guión. Lo habitual (aunque depende mucho del tipo de película) es rodar unas cuatro páginas de guión por día. Era un día completito. Pero, a pesar de todo, no recuerdo que fuera un día complicado como otros que aun estaban por llegar. Eso mejor lo dejamos para próximos ‘posts’.

Memorias de rodaje: tercera jornada

Era viernes y además el día con la jornada de rodaje más reducida. Sólo dos planos en uno de los pocos videoclubs que sobreviven en Barcelona, Videoinstant – toda una institución para los cinéfilos barceloneses. Recuerdo dar la primera orden de ‘acción’ sobre las doce y haber acabado todo sobre la una y media. Una jornada muy tranquila. Además, aunque era 21 de junio, la máxima apenas sobrepasó los veinte grados y la humedad se mantenía baja. Como además hacía un sol estupendo, resultó ser un día perfecto para estar en la calle. Uno de los planos era exterior y aunque el otro se rodaba dentro del videoclub, el equipo básicamente permaneció en la calle Enric Granados que es una calle peatonal.

Creo que la pregunta que más veces oí aquella mañana fue porque solo rodábamos dos secuencias tan breves, sin diálogos. No era casual. Para empezar estaba el tema del calendario de los actores. Roger Berruezo se incorporaba de nuevo a la gira del musical “El Rey León”, Laya tenía un compromiso profesional y Mont Plans aun seguía con “La Cubana”. Sólo teníamos disponibles a Xavi Duch y a Adolfo Álvarez, pero Adolfo necesitaba más tiempo para memorizar sus líneas. Adolfo tiene una discapacidad visual y alguien debía leerle las líneas para poder memorizarlas. En resumen, no quedaban muchas opciones. Sólo podíamos rodar secuencias en las que apareciera el personaje de Dani. Había alguna más, aparte de las del videoclub, pero me pareció una buena idea planificar un fin de semana algo más largo después de haber vivido la tensión de arrancar el rodaje. Creo que a todos nos iba bien poder descansar durante todo un fin de semana. Y sobre todo, a los que llevábamos varias semanas trabajando de lunes a domingo. Ya vendrían días más intensos y había que recuperar energías. Porque si aquel viernes solo había dos planos, en poco más de una semana nos íbamos a enfrentar a sesiones maratonianas con más de 30 planos en un día. Pero no había otra forma de cuadrar los calendarios de los actores. Además, aunque esto es adelantar acontecimientos, aquellas jornadas tan intensas por venir coincidieron con los días de más calor/humedad del verano. Y todo eso sin aire acondicionado y con todas las puertas y ventanas cerradas por motivos de sonido y luz. ¡Gracias, chicos! De todas formas, ahora visto en perspectiva, tras ver los primeros borradores de la película, creo que valió la pena someterse a aquellos calendarios tan descompensados. Todos los actores están estupendos y no me imagino a otros actores en la piel de Dani, Eduardo, Verónica, Soledad y Adolfo. ¡Qué gran regalo nos habéis hecho Xavi, Roger, Laya, Mont y Adolfo! Por supuesto, este agradecimiento lo extiendo al resto del equipo.

Poco más puedo explicar de aquella tercera jornada tan tranquila y apacible. Pero no todo iba a ser jornadas terribles y agotadoras. De vez en cuando, también podíamos respirar un poco. La semana que viene más.