Memorias de rodaje: novena jornada

Y vamos a por la novena jornada de rodaje. En las memorias de esta de jornada me gustaría centrarme en una de las actrices. El ‘motor’ se había programado a las 11:15 y el fin de rodaje a las 18:00. Se alargó un poco y se hicieron casi las ocho. Pero aquel día había mucho que rodar. Nueve páginas de guión, que es mucho (lo recomendable son cuatro paginas por jornada). Y en todas aquellas secuencias la protagonista era Mont Plans. Era, sin duda, la “jornada Mont”.

Siento un gran respecto y admiración por las grandes damas de la interpretación. Y para mí sería un privilegio poder trabajar con, por lo menos, algunas de ellas. Es más, considero que es uno de los alicientes de hacer películas. Trabajar con esos actores con los que has crecido. Todo un honor y privilegio. La primera vez que vi a Mont fue en el teatro municipal de Sabadell “La Faràndula”. La obra era la mítica “Cómeme el coco negro” de La Cubana. Todos aquellos actores me parecieron tan divertidos, tan espontáneos, que me convertí en todo un fan de La Cubana. En aquellos años, me refiero a cuando iba al instituto, luego a la universidad, no me perdí ni un solo espectáculo de La Cubana. Mont Plans fue combinando su trabajo en La Cubana con otros en Dagoll Dagom. Otra formación teatral de la que también me consideraba fan. Y del teatro, Mont pasó a la televisión. Recuerdo que esperaba, incluso con impaciencia, el siguiente episodio de Teresines, S.A. Una serie que recordamos con mucho cariño los seguidores de TV3. Tanto que, después de más de veinte años, la volvieron a reponer este verano. Y ya por entonces pensaba que algún día haría una película y trabajaría con Mont Plans.

¿Cómo entramos en contacto con Mont? Lo cierto es que fue todo muy casual. Emili propuso a Mont que participara en la versión escénica de esta historia: El Sexe dels Àngels. Mont aceptó con la condición de que los papeles de personas discapacitadas fueran interpretados por actores con discapacidad. Y así fue. Cuando Emili me dijo que Mont interpretaría el papel de Soledad en el teatro, me alegré mucho. Me pareció una noticia estupenda. Aunque solo fuera porqué podría ver a Mont de nuevo en escena. Felicité a Emilio y le confesé mi sana envidia por contar con una de las grandes actrices de la escena catalana. Cuando nos pusimos a hacer el casting de la película se barajaron varias posibilidades. Siempre hay que jugar con varias cartas. Mi primera opción era Mont pero pensaba que no aceptaría porque si en el teatro había pedido que los actores fueran actores con una discapacidad real, posiblemente para la película haría lo mismo. Pero el personaje de Dani no podía interpretarlo un actor parapléjico porqué hacia al final de la película (ahora no quiero desvelar nada) hay unas secuencias muy complejas que requieren un actor capaz de mover todos los músculos (incluidos los de las piernas). Por otra parte, preveía que el rodaje se iba a desarrollar en unas condiciones duras por la carencia de medios y las condiciones de accesibilidad (como así fue) podían ser nulas. Afortunadamente, al final, Mont aceptó el papel y me sentí muy, muy feliz. Tendría el gran privilegio de trabajar con Mont Plans.

Sabía que Mont era una actriz de primera. Pero aun así me sorprendió. Es ahí donde descubres porqué algunos actores han llegado a donde han llegado. En primer lugar, me sorprendió su modestia. Mont se preguntaba una y otra vez si daría la talla en el papel. ¿Cómo podía preguntarse eso? Por supuesto que la dio y mucho más. No podía ser de otra forma. Pero los ‘grandes’ saben bien que nada se debe dar por hecho. Nunca hay que bajar la guardia. Por otra parte, es sorprendente el abanico de recursos interpretativos de Mont. Tanto en la faceta cómica, como en la dramática. Posiblemente conocemos más a Mont por su faceta cómica que por su faceta dramática. Pero el día que rodamos las secuencias en el hospital, todos nos emocionamos. Al salir de la habitación donde habíamos rodado, una enfermera me dijo que no había visto nada pero que se había emocionado mucho escuchando a Mont. Con eso lo digo todo. Pero mucho más que esas grandes –enormes– dotes interpretativas, me sorprendió la humanidad de Mont. En ningún momento dejó de bromear, de animar al equipo, de repartir sonrisas y buen humor. Un día nos traía repostería de una pastelería cercana a su casa, otro día nos regalaba a todos un CD con la música de su espectáculo Chaise Longe… siempre había un detalle, una sonrisa, unas palabras de ánimo. Y creo que no era fácil mantener el tipo en un rodaje de guerrilla-guerrilla en el que ni siquiera había sillas para sentarnos todos. Por lo menos a mí, Mont me dio toda una lección de profesionalidad y saber hacer. Gracias, Mont.

Creo que todas estas cosas que he explicado se notarán –y mucho– en la película. Mont nos ha hecho un gran regalo a todos interpretando el personaje de Soledad. Espero que lo podamos ver pronto. Aunque eso, ya lo sabéis, dependerá de factores que no podemos controlar. En especial, dependerá del festival en que se estrene la película. Pero todo llegará.

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Memorias de rodaje: octava jornada

Martes, 2 de julio. En todo rodaje, como en toda actividad que reviste cierta complejidad, hay días para recordar y otros para olvidar. La octava jornada, sin duda, fue una de aquellas jornadas para olvidar, aunque esas son, precisamente, las que siempre recuerdas. Pero supongo que hay cosas –como decía Jordi Pujol– que ‘entran en el sueldo’. No todo va a salir bien, ¿quién no tiene de vez en cuando un día complicado en el trabajo? Por supuesto, lo importante es que el resultado final sea bueno y en este caso lo fue. Todo lo demás queda para el anecdotario y como este espacio va precisamente de eso, de anécdotas, vamos para allá.

El plan para aquella jornada era rodar por la tarde y por la noche. Lo preferente era programar rodajes diurnos pero a veces eso no es posible. Cuando se trata de interiores nocturnos no suele haber problemas si se ruedan de día. Pero había una secuencia larga, la séptima, que sucede en un parque público por la noche. Había que rodarla sí o sí por la noche y para no sobrepasar las ocho horas de rodaje se programaron una serie de secuencias interiores por la tarde y la séptima por la noche, después de la cena. Por otra parte, había que tener en cuenta dos cosas importantes. Primera, que el permiso para rodar en la calle sólo era válido hasta las once de la noche. Por razones más que lógicas y comprensibles, el Ayuntamiento de Barcelona limita los rodajes a esa hora. Por supuesto, podemos sobreentender un pequeño margen. Segunda, Roger tenía que coger un avión a primerísima hora de la mañana para reincorporarse a la gira de “La Bella y la Bestia”. Había que concluir el rodaje lo antes posible.

Las secuencias previstas para la tarde eran seis. Todas cortas y prácticamente sin diálogo. Eso era una ventaja. Eran secuencias divertidas, recuerdo que el equipo se lo pasó bien. Mont Plans propuso un par de detalles de interpretación realmente divertidos que sin duda harán reír al público cuando se proyecte la película. Roger y Laya estuvieron igualmente divertidos y frescos. Todo iba como una seda hasta que, de repente, se empezó a oír un ruido terrible. Parecía que la casa se iba a caer. ¿Pero qué estaba pasando? Era imposible rodar así. Alguien de producción salió a ver que pasaba y descubrió que unos vecinos estaban haciendo obras. Creí que me moría en ese momento. Aquello podía arruinar todo el rodaje. ¿Qué pasaba si aquellas obras se alargaban? Con el pulso a cien bajé al despacho del propietario del inmueble dispuesto a protestar enérgicamente. Antes de alquilar el piso había preguntado si algún vecino tenía previsto hacer obras durante el periodo de rodaje. El casero, un señor muy simpático que se llama Jordi (saludos Jordi), enseguida intentó tranquilizarme. Se trataba de unos vecinos que querían abrir una nueva puerta en el piso que tenían alquilado. El casero les había dado permiso para hacer esas obras unos meses atrás sin dar más importancia al asunto. Pero cuando empezaron a abrir el hueco en la pared para colocar la puerta, el ruido era tan insoportable que los vecinos llamaron a la policía municipal. Les obligaron a detener las obras. Creo que también les multaron. Y tras solicitar los correspondientes permisos y obtenerlos, se habían puesto otra vez, nunca mejor dicho, manos a la obra. No podíamos parar las obras pero, la buena noticia, era que esa misma tarde las iban a dejar listas. Aun así se nos planteaba una situación complicada. No era posible suspender el rodaje programado para aquella tarde. Contábamos con los actores los días justos. ¡Ni uno más! Era imposible rehacer o alargar el calendario. Alguien de producción llamó al timbre de aquellos vecinos para pedirles que colaboraran. Pero no parecían muy dispuestos a colaborar. Su argumento es que (esta vez) tenían el correspondiente permiso municipal. Así que no quedó más remedio que adaptarse a la situación. Preparábamos el rodaje de cada secuencia y esperábamos a que los vecinos hicieran una pausa en su trabajo. Alguien quizás piense que siendo secuencias sin diálogo se podían grabar sin sonido. Pero no es posible, hay ciertos ruidos ambiente que se tienen que grabar para que la secuencia resulte natural. Todo aquello nos retrasó muchísimo y –recordemos– el permiso de rodaje en la calle solo era válido hasta las once de la noche y Roger tenía que madrugar muchísimo al día siguiente.

Habíamos previsto rodar la secuencia exterior entre las diez y las once de la noche. Ese cálculo, de entrada, era muy optimista. Demasiado. Pero contábamos con cierta flexibilidad por parte del Ayuntamiento. Aquello implicaba cenar pronto, sobre las ocho y media/nueve. Pero los incidentes de la tarde emplazaron la cena a las diez de la noche pasadas. Todo un desastre. Pero si no rodábamos esa secuencia ese día no nos quedaba margen. Mientras el equipo cenaba, salí con la directora de fotografía y el jefe de sonido a la plaza donde se había previsto rodar la secuencia. Una vez más, parecía que el mundo se me caía encima. Se trataba de una plaza en el barrio de Gràcia en la que posiblemente había más de mil personas. No había un metro cuadrado libre. El ruido era insoportable. Era imposible rodar allí. Enseguida llamé a la persona que había localizado el espacio. Me dijo que había ido el lunes y que la plaza estaba muy tranquila. Nadie había pensado que los lunes cerraban todos los bares pero que el resto de la semana aquella era una de las plazas más bulliciosas del barrio de Gràcia. ¡Y era verano! Era para derrumbarse pero no podíamos permitírnoslo. Solo había una salida y era hacia delante. Había que tomar una decisión rápida. En aquel momento recordé que la Plaza Joanic estaba cerca. Se trata de una plaza grande pero con pocos bares. Di órdenes a dirección de que todo el mundo se desplazara a la plaza Joanic. Las condiciones no eran las óptimas pero encontramos un rincón en el que quizás iba a ser posible rodar la secuencia.

Debía ser sobre las doce de la noche cuando, por fin, conseguimos reunirnos todos en la plaza. En principio no podíamos rodar a esas horas y había que cruzar los dedos para que la policía no nos echara. No paraban de pasar coches, motos, camiones de recogida de basura, perros ladrando y mil cosas más. Nunca me había dado cuenta de lo ruidosa que puede llegar a ser una ciudad por la noche. El jefe de sonido dudaba de que el sonido que estábamos grabando fuera aprovechable. La directora de fotografía luchó contra todo tipo de mezcla de temperaturas de color. Y no podía dejar de sufrir por Roger que tenía que levantarse a las cinco de la mañana. Lo que tengo claro es que, por lo menos yo, a esas horas ya había sobrepasado el ‘al borde de un ataque de nervios’.  Me encontraba en pleno ataque de nervios. Era más de la una y Roger se tenía que ir. Los últimos planos los grabamos sin Roger (la secuencia es un diálogo entre los personajes de Dani y Eduardo). Pero una vez más, no sé bien cómo, lo conseguimos.

Meses después, en la mesa de montaje, Sara observó que la secuencia siete es una secuencia muy bonita. Entonces le pregunté si había notado algo raro en el sonido. Me respondió que el sonido estaba bien grabado y que los chicos de sonido habían hecho un trabajo muy solvente. Así qué, equipo, no me queda más que felicitaros. Hicimos un auténtico milagro. Contra viento y marea, en las peores condiciones, lo sacamos adelante. Y como decía al principio, todo lo demás queda para el anecdotario.

Memorias de rodaje: séptima jornada

Lunes, 1 de julio. Ya van siete jornadas de rodaje. Empieza a definirse cierta rutina. Creo que ya comenté que muchas noches me quedaba a dormir en el piso/set. Para más detalles, en el dormitorio que estaba ambientado como la habitación de Dani. ¿Por qué esa habitación? No sé, supongo que era en la que me podía sentir algo más cómodo. Si no estuvisteis en el set, pronto la veréis en la película. Dormía allí para ahorrar tiempo y energías. En todo caso, aquel martes se suponía que no había que madrugar. El ‘motor’ (inicio del rodaje) estaba programado a las dos de la tarde. Pero en mi caso eso importaba poco. Durante todo el rodaje no dormí mucho y me levanté un poco antes de las ocho. Tenía que revisar el plan de secuencias, es decir, que íbamos a rodar exactamente, dónde íbamos a poner las cámaras, y otros detalles.

Para aquellas jornadas se habían programado parte de las secuencias del reencuentro entre los personajes de Dani (Xavi Duch) y Eduardo (Roger Berruezo). Ese reencuentro se producía en lo que el guión definía como un bar de barrio. Lo lógico era grabarlo en un bar existente y así se hizo. Además, si el bar estaba cerca del piso/set de rodaje, mejor que mejor. El equipo de rodaje había preguntado si podíamos rodar en un bar que estaba en la misma manzana que el piso/set de rodaje: la cafetería-restaurante ‘La Trobada’ (Roger de Llúria, 41, Barcelona). El aspecto de aquel bar nos gustaba mucho y se correspondía con lo que buscábamos. Además era espacioso y cómodo para ubicar un equipo de rodaje. El bar, aunque antiguo, había sido adquirido recientemente por una familia de origen asiático. Fueron realmente muy amables y nos permitieron rodar en su bar a cambio de una simple mención en los créditos de la película. Gracias. La única condición era rodar a partir de las cuatro, tras el servicio de comidas. Por eso, antes de bajar al bar, se habían programado un par de secuencias muy cortas en el piso/set de rodaje.

El día anterior, tras concluir la sesión de rodaje, había bajado con Sara y Jorge (fotografía y sonido) al bar para planificar el rodaje. No obstante, al día siguiente, es decir, aquel martes, decidí desayunar en el bar para revisar las secuencias planificadas. Bajé con  el guión técnico y las notas que habíamos tomado el día anterior. Pero no había mucho que revisar. Estaba muy claro que planos íbamos a rodar y dónde se iban a ubicar las cámaras. Poco después, subí de nuevo al piso/set de rodaje y acabé de planificar el resto de secuencias. Como aun era pronto, aproveché para visionar los planos que ya se habían rodado. Un sándwich rápido y sobre la una empezó a llegar el equipo de rodaje.

En cuanto al rodaje en sí, nos despistamos un poco y se acumuló un retraso importante. Tanto que no fue posible rodar la última secuencia prevista para aquella jornada (la número 5). Aquello me preocupaba. Como ya sabéis, sólo podíamos contar ciertos días con los actores (algo habitual en muchos rodajes) y se debían rodar todas las secuencias en las fechas previstas o el proyecto se hundía. No podían quedar secuencias ‘pendientes’. Por suerte, en aquella secuencia sólo aparecía Xavi que era el actor con una agenda más flexible. No nos quedó más remedio que emplazar esa secuencia otro día. Por primera vez había pasado algo que había temido desde el principio. De momento solo era una secuencia ‘pendiente’. Podíamos ‘recuperarla’, pero había que evitar que eso volviera a suceder. Aun más en una película sin presupuesto ni márgenes en el calendario. No había mucho lugar para el error (si es que había alguno). En ningún momento pude quitarme la sensación de estar atravesando la cuerda floja sin red debajo. Caerse hubiese resultado fatal. ¡Y eran tantas las cosas que podían fallar!

En todo caso, recuerdo que durante el rodaje, la familia que regenta el bar parecía divertirse mucho. Al final, cómo era habitual en todas esas ‘salidas’, se fotografiaron con todo el equipo. Me aliviaba ver que otros ser divertían en el rodaje. Pero supongo que para un director un rodaje es muchas cosas pero no divertido. Las responsabilidades, los elementos a coordinar, son tantos que poco espacio queda para divertirse. Pero quién sabe… no pierdo la esperanza.

Memorias de rodaje: sexta jornada

Jueves, 27 de junio. Seguíamos construyendo esa gran mentira que es una película. Por suerte había llovido por la noche y había refrescado. Ese día la temperatura no sería un problema. Pero, después de una serie de jornadas ‘tranquilas’ nos enfrentábamos a una jornada intensa. Había que rodar tres secuencias. Puede parecer poco pero eran tres secuencias largas con mucho diálogo. En total casi ocho páginas de guión (lo recomendable es rodar unas cuatro páginas de guión por jornada). Pero es lo que había. Era imposible ‘montar’ un calendario mejor. Todos estábamos haciendo un esfuerzo titánico y disponíamos del tiempo que disponíamos.

El motor estaba previsto para las 9:20 pero se encadenaron una serie de contratiempos. El rodaje se inició con más de dos horas de retraso. Pero no es de eso de lo que quiero hablar aquí. Lo que si me gustaría destacar de aquella jornada es la incorporación de un nuevo miembro al equipo del rodaje. Por supuesto que todos los miembros del rodaje fueron especiales para mi y les agradezco muchísimo los grandes esfuerzos que hicieron, pero permitirme que dedique un mención, un lugar especial, a aquel nuevo miembro que se incorporaba al equipo. Seguro que todos (equipo de rodaje) estaréis de acuerdo con esta excepción. Me refiero a la señora Teresa – mi madre. Nos hubiera encantado disponer de dinero suficiente como para poder pagar un servicio de ‘catering’ al uso. Pero no era así. Como ya sabéis, ni siquiera habíamos empezado y no quedaba ni un céntimo. Había que ponerle mucha imaginación al asunto y sobrevivir durante casi cinco semanas más. Durante las jornadas anteriores habíamos sobrevivido calentando pizzas congeladas, preparando sándwiches de jamón y queso… y poco más. Creo que hasta entonces no había sido un gran problema porque las jornadas habían sido más bien cortas. Pero ahora nos enfrentábamos a larguísimas jornadas de rodaje. Había que organizar mejor las comidas. Ya que no podíamos pagar las facturas de restaurantes (ni siquiera menús de menos de 10€), pensé que por lo menos nos merecíamos comida casera. Y es ahí donde entra mi madre que fue tan generosa como para venir cada día a organizar la comida para treinta personas. Por supuesto, con la ayuda de una serie de auxiliares de producción.

Es todo un lujo tener a una madre tan paciente en el set de rodaje. Volví a recordar las comidas de antaño, cuando aun vivía en casa de mis padres: el pollo empanado, los macarrones con tomate, el gazpacho y la ensaladilla rusa que tanto apetecen en verano. Pero creo que una de las cosas que más llamó la atención fue el café. Es algo en lo que no había pensado. Supongo que, entre otras cosas, porqué nunca tomo café. En realidad lo detesto. Habíamos comprado café soluble por si le apetecía a alguien pero tuvo poco éxito. Tras servir aquella primera comida, mi madre decidió preparar café. Recuerdo que empezó a producirse cierto revuelo alrededor de la cocina. El olor a café recién hecho inundó los rincones de la casa y no fueron pocos los que se acercaron a la cocina. Entonces empecé a escuchar exclamaciones del tipo -¡que bien, café! Mi madre, que volvería todos los días, fue despedida con una gran ovación por parte del equipo de la película. Fue un momento emocionante, por lo menos para mi.

Durante los últimos días de rodaje, la noche en que Sara López y yo fuimos a ver una localización, me dijo que tenía una madre muy maja que me debía querer mucho para hacer el esfuerzo que estaba haciendo ¡Que cierto! Sara lo había dicho todo. No hacen falta más palabras. Venir cada día desde Sabadell, organizar y preparar la comida para  treinta personas, es un esfuerzo más que titánico. Un esfuerzo, sin duda, de madre más que entregada. Tanto cariño y dedicación no tienen precio. Eduard Punset dice que para una persona de cierta edad es muy beneficioso relacionarse con gente joven. En este caso, creo que fue al revés. Creo que fue muy beneficioso para un equipo tan joven contar con alguien tan estupendo como mi madre a la que siempre despedían con una ovación. Gracias, gracias y gracias.