Memorias de rodaje: vigésima jornada

Jueves, 18 de julio. Aquella era la última jornada de rodaje con Roger Berruezo (al día siguiente viajaba para incorporarse de nuevo a la gira de “La Bella y la Bestia”) y me gustaría dedicarle esta entrada.

Mientras Sara Sebastián montaba la película me decía –este chico está más espectacular en cada plano. Y es cierto. Pero eso solo es la anécdota. Si algo me sorprendió de Roger desde el principio fue su generosidad y profesionalidad (lo mismo puedo decir del resto de actores).

En principio, cuando todo esto empezó (me refiero a levantar una película) –que fue en abril de 2012– nuestro “plan A” fue buscar una financiación “tradicional” para la película. Es decir, una financiación en la que debía participar, por lo menos, una cadena de televisión importante, algunos co-productores “de peso” y contar con una subvención de Ministerio de Cultura. Para jugar en esa “división” era necesario proponer un cartel de actores muy conocidos por sus apariciones en televisión y en películas reconocidas. Nuestra primera opción para el papel de Eduardo fue Roger Berruezo. Era el actor perfecto para ese papel. Jesús (nuestro productor ejecutivo) se puso en contacto con el agente de Roger. Fuimos a su despacho y enseguida llegamos a un acuerdo. Pero aquel acuerdo pasaba por obtener el dinero que necesitábamos para hacer la película según nuestro “plan A”. Al final, el “plan A” no fue posible y tuvimos que pasar al “plan B” y más tarde al “plan C” (el de “esto lo hacemos sí o sí”). Cuando ya estaba claro que íbamos a hacer una película de “guerrilla”, financiada con un “crowdfunding”, lo correcto era comunicar a los actores (o mejor dicho, a sus agentes) que no habíamos conseguido el dinero y que “no había podido ser”. Dábamos por hecho que actores reconocidos, con presencia en series de televisión y películas importantes, no iban a trabajar “gratis” (que más o menos es lo que significa hacer una película de “guerrilla” –que no hay dinero y que nadie cobra). La sorpresa no pudo ser más agradable cuando Roger respondió: “pues hablemos”. Nos reunimos en el hotel Ommm de Barcelona y Roger mostró su interés por hacer la película. Roger dijo que el único problema podía ser el calendario. Durante las fechas de rodaje estaba haciendo el musical “La Bella y la Bestia” en teatros por toda España. Hicimos cálculos y Roger fue tan generoso como para renunciar a sus vacaciones. Dedicó sus vacaciones a hacer nuestra/vuestra película porque creía en ella. No se puede decir más. GRACIAS, Roger.

Durante el rodaje, Roger no solo mostró una profesionalidad exquisita, sino que también nos regaló un Eduardo entrañable, lleno de matices… y como dice Sara –más espectacular en cada plano. La interpretación de Roger (junto a la de Mont, Laya, Adolfo y Xavi) da brillo a Los Amores Inconclusos. No dudo que si algo va a llamar la atención de la película es la magistral interpretación de los actores. Y en ese sentido no puedo estar más contento porque como director mi intención siempre fue hacer “una película de actores”. Hay películas que basan su atractivo en los efectos especiales, en la puesta en escena con decorados espectaculares, en la fotografía, etc., pero otras giran alrededor de los actores y sus interpretaciones. Los Amores Inconclusos sin duda es una de esas películas.

Y allí estábamos, en la calle Enric Granados de Barcelona, rodando la última secuencia con Roger. Eran más o menos las cinco de la tarde y hacía un día estupendo. Una secuencia que, además, me parece muy bonita, muy “Barcelona” con un típico taxi negro y amarillo, turistas paseando, pájaros trinando… y, por supuesto, un Roger que “se sale” despidiéndose del film con una plácida sonrisa. Pero todo eso ya lo veréis después de vacaciones en una gran pantalla 😉

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Memorias de rodaje: decimonovena jornada

Miércoles, 17 de julio. Solo nos queda una jornada más (la del jueves) antes de que Roger Berruezo se tenga que incorporar de nuevo a la gira de La Bella y la Bestia. Así que tenemos que espabilarnos mucho para rodar las secuencias que faltan en las que sale Roger. Ese miércoles, en concreto, había que rodar ocho secuencias. Todas con varias posiciones de cámara y diálogos complejos y muy dramáticos. En la orden de rodaje, se había programado el inicio de la jornada a las nueve y media de la mañana y el cierre alrededor de las siete. El rodaje se alargó hasta bien pasada las ocho de la tarde. Once horas de intenso rodaje en pleno mes de julio en Barcelona. Como dijo una vez Pep Guardiola: “una p*** barbaridad”. Rodar durante once horas, e incluso más, quizás no es una novedad. Pero no es lo mismo una jornada aislada de once, doce o más horas (por ejemplo, para un cortometraje) que emprender semejante maratón de rodaje después de más de un mes de rodaje. Sabiendo, además, que al día siguiente nos espera una jornada igual de intensa. Si lo sacamos adelante, fue gracias a un GRAN equipo.

En más de una ocasión escuché decir que siempre estaba dando prisas. Y lo siento. Siento haber hecho trabajar al equipo en aquellas condiciones y siempre bajo la tiranía del reloj. Pero no había otra opción. Necesitábamos todas las secuencias para poder montar la película. El haber dejado de filmar una sola secuencia, habría sido un desastre. Toda la película se habría ido al traste. Lo lógico habría sido programar algunas jornadas de reserva. Por si acaso. Como red de seguridad. Por si hubiera sido necesario volver a rodar una secuencia o para rodar alguna secuencia que se hubiera quedado colgada. Pero no. No había red de seguridad. En una primera película, además. Sin margen alguno para el error. Pero también es cierto que no podía ser de otra forma. Tanto los actores como el equipo técnico hacían un GRAN sacrificio poniéndose en manos de un director novel, trabajando en régimen de cooperativa (es decir, sin cobrar). Profesionales de primera línea, que han trabajado para medios como TVE o para directores tan excepcionales como Pedro Almodóvar y que dedicaban más de un mes de su vida a Los Amores Inconclusos. En muchos casos renunciado a trabajos remunerados. Un gesto de generosidad inmenso, tanto como el de nuestros mecenas. Por eso hubo que adaptar el calendario de rodaje de forma que se pudieran cuadrar todas las agendas. Y no fue fácil. Hicieron falta muchas horas para cuadrarlo todo. Es más, en más de una ocasión llegué a temer que fuera imposible cuadrar todas las agendas. El resultado era muy ajustado, contábamos con todos el tiempo justo… ¡justísimo! Pero se había tomado una decisión y había que ser consecuentes. Los planes de rodaje se debían cumplir de forma estricta. Por agotadores que fueran. Y no solo se cumplieron, sino que, además, se hizo un buen trabajo. Eso sí, hubo que correr. Mucho.

En cuanto a la jornada en sí, Xavi y Roger estuvieron estupendos. Todas las secuencias eran nocturnas y no eran fáciles. Eran las secuencias en que los dramas de Dani (Xavi) y Edu (Roger) se desatan. A Dani le hice llorar mucho. Pobre Xavi. Sé que no le gusta llorar pero el personaje debía soltar diez años de furia, fustración y dolor contenidos. Para ambientarse, entre secuencia y secuencia, Xavi escuchaba en su iPod música triste, muy triste. Las lágrimas corrieron como ríos. Xavi incluso estuvo a punto de hacerse daño cuando dio un golpe de rabia tan fuerte sobre la silla de ruedas que se rompió uno de los apoyabrazos. Roger estuvo, como siempre, de primera. Para interpretar aquellas secuencias hacía falta actores de una calidad enorme. Y lo bueno es que los teníamos. Valió la pena aquel calendario de locos. A pesar de los inconvenientes y las prisas. Bueno, hasta aquí he hablado de las lágrimas de Xavi, pero no del sudor. Por supuesto, hubo mucho sudor. Literalmente, sudor y lágrimas. Treinta personas encerradas (eran escenas nocturnas y había que sellarlo todo) durante once horas en julio en un piso sin aire acondicionado y con el calor de los focos, no es una tontería. Pero allí estuvimos y como unos campeones sacamos adelante una jornada intensa.