Volver

Cómo en el título de una de las películas de Almodóvar. Volver, siempre volver. La semana pasada, un año después del inicio del rodaje volví a los muchos escenarios de Los Amores Inconclusos. Me volví a encontrar con (casi) todos los actores (los que estaban en Barcelona) y regresé al piso/set de rodaje. Esta vez, eso sí, de otra forma. Por supuesto, mucho más relajado. Con la película ya casi terminada. Con la certeza de que este no será un amor inconcluso. Todo lo contrario. Será un amor concluso… ¡y bonito!

Uno de los momentos más curiosos durante ese breve regreso fue el ver el “making of” que está montando Pau Aguiló. En realidad fue todo un shock. Por un momento, aunque esta vez en una pantalla y con la distancia que eso da, todo volvió a tomar vida. De repente, el equipo volvía a tomar vida. Fue como viajar en el tiempo pero esta vez viéndolo todo desde fuera, desde otro punto de vista. No me reconocía a mi mismo. En realidad tenía la sensación de no reconocer nada. Ahora entiendo bien a que se refieren los directores que tanto admiro cuando dicen que durante un rodaje el mundo desaparece. El director se sumerge en el universo de la historia, del rodaje, y no hay nada más. Es más, me parecía no haber estado allí. Me parecía el “making of” de otra película. Pero no, era la nuestra. Supongo que eso nos pasará un poco a todos los que hemos formado parte del equipo de rodaje. Durante los días de un rodaje, cada miembro del equipo está atareado con sus responsabilidades. No queda tiempo para mucho más, ni para fijarse en otros detalles. El “making of” es una gran oportunidad para ver toda esa locura que es un rodaje desde fuera.

Otro aspecto que me llamó mucho la atención es lo bien que se “ve” en el “making of” la gran mentira que es hacer cine. En el “making of” definitivo (lo que vi fue una maqueta) nos hemos propuesto insertar imágenes (reales) de la película seguidas de imágenes del rodaje de esa secuencia. Creo que puede ser divertido ver primero imágenes de la película en la que se ve todo muy bien “colocadito” y después imágenes de todo el caos de cables, luces y gente detrás. Pau me comentó que a él, personalmente, le interesa mucho ver en los “making of” como el director y su equipo dan instrucciones a los actores. En el “making of” se encuentra eso y mil cosas más. Todo eso, si queréis, lo podréis ver  el DVD/Blu ray de la película. Eso sí, os recomiendo que veáis primero la película y luego el “making of”. Por aquello de ver primero la “magia” y luego el “truco”.

En cuanto a nuestro particular “referéndum vinculante” para elegir el cartel de la película, en breve lo pondremos en marcha. Esperamos vuestra participación. Una vez más, muchísimas gracias a todos por todo y por vuestra santa paciencia.

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El cartel de Los Amores Inconclusos

Cada vez lo tenemos más cerca. Ese momento tan emocionante en el que podremos decir que ya tenemos NUESTRA película. Ya estamos trabajando en el marketing y ha llegado el momento de decidir cual va a ser el cartel de la película. Y nos gustaría que participarás en el ese proceso. ¿Cómo? Muy fácil: eligiendo el cartel. Pero si me lo permitís, primero me gustaría hacer algunas reflexiones sobre los carteles de las películas.

Cuando se habla de carteles cinematográficos siempre recuerdo una etapa de mi vida profesional: cuando trabajé en el departamento de marketing de Warner Bros España. Durante esos años viví literalmente rodeado de carteles de películas y creo que eso me hizo reflexionar mucho sobre lo que era un buen cartel y lo que no. ¿Cuál es el mejor cartel para una película?, ¿el más bonito?, ¿el más llamativo? Y no solo eso, ¿cómo se elige el cartel para una película?, ¿qué criterios se sigue? En 2006 cesé en Warner para fundar la productora KINELOGY. Aquel año tuve el privilegio de formar parte del European Films Crossing Borders –un programa dirigido a aspirantes a dirigir cine en el que durante una semana, en el marco del Festival de San Sebastián, los mayores expertos del sector cinematográfico te explican su experiencia profesional. Entre los instructores se encontraba Thorsten Ritter que es uno de los “crack” del marketing para cine en Europa. Su clase magistral se basó en proponer un método de trabajo y una idea básica.

El método de trabajo: el equipo de Thorsten Ritter (ha trabajado para Pedro Almodóvar, los hermanos Coen, etc.) encarga hasta cuarenta carteles a diferentes diseñadores/artistas. Imprimen esos carteles y los cuelgan en las paredes de sus oficinas. Durante un mes miran esos carteles, se habitúan a ellos, debaten sobre ellos, y, al final, se decantan por uno.

La idea básica: el cartel debe dejar bien claro que clase de película es y de que va. Puede parecer una obviedad pero no lo es. Ritter nos mostró los carteles con los que se había lanzado Paradise Now (2005) de Hany Abu-Assad en diferentes países. Paradise Now cuenta la historia de dos jóvenes palestinos, amigos desde la infancia, a los que reclutan para llevar a cabo un atentado suicida en Tel Aviv. La película se centra en la psicología de los personajes y en los problemas sociales que rodean a los palestinos. No es una película de acción, es una película de contenido psicológico-social. Una gran película nominada al Oscar a la mejor película extranjera. Paradise Now funcionó muy bien en algunos países y en otros nos. Por supuesto hay una cuestión de gusto y los gustos no son los mismos en todas partes. Pero Ritter se preguntaba si había alguna relación entre cómo se había lanzado la película y su éxito (o no) en diferentes países. En los países en que la película había funcionado bien, el cartel mostraba a dos jóvenes de espalda. ¿Qué sugería aquel cartel? Supongo que la historia de dos jóvenes, cine psicológico, cine independiente, etc. En otros países, sin embargo, el cartel mostraba dos jóvenes y una explosión espectacular. ¿Qué sugería aquel otro cartel? Una película de acción con explosiones y soldados. ¿Tenía sentido vender la película como lo que no era: una película de acción? El espectador que esperaba “acción”, sin duda, se sentiría defraudado: ¡en aquella película solo “hablaban”! Sin duda, el cartel con los jóvenes de espalda comunicaba mucho mejor de que iba aquella película: cine “independiente” (tipo salas Verdi o Renoir) sobre los conflictos de dos personajes. Todo esto me hace recordar una entrevista a Pedro Almodóvar en la que dice que pedía a Ceesepe que diseñara el cartel que quisiera siempre que aparecieran los elementos básicos de la película.

Tomando como base esas ideas tan interesantes creo que estaría bien tener en cuenta lo siguiente a la hora de elegir un cartel para Los Amores Inconclusos. Primero tenemos que preguntarnos que tipo de película es Los Amores Inconclusos. Para empezar es una película muy modesta. De 12.000 euros (en realidad menos – hay que descontar los gastos de crowdfunding y de los bancos por el cobro con tarjetas de crédito). Aun me sigue sorprendiendo lo bien que conseguimos estirar aquel dinero que tuvo que dar para alquilar un piso de más de 200m2, decorarlo (pintura, muebles, etc.), alquilar una cámara de cine más un equipo de iluminación profesional, alquilar un equipo de sonido, dar de comer a un equipo de treinta personas durante un mes y medio y mil cosas más. Eso no quita para que la película esté muy bien fotografiada, editada con mucha solvencia (la historia resulta fluida) y esté muy bien interpretada. Con todo esto quiero decir que el cartel debe de vender lo que es: una película sencilla pero digna, NO una gran producción de Hollywood. Por eso creo que el cartel debe basarse en un concepto gráfico sencillo (como los carteles de las películas de Woody Allen). Un concepto que transmita “cine europeo independiente” (como el que vemos en los cines Verdi o Renoir). En cuanto al contenido, Los Amores Inconclusos es una película de “personaje”. No hay persecuciones de coches, ni explosiones, ni “sustos” como en REC (2007) de Jaume Balagueró. Los Amores Inconclusos es una película para aquellos a los que les gusta ver películas sobre “personajes”, “sentimientos”, búsquedas de identidad y ese tipo de cosas. Esas ideas, por ejemplo, se reflejan en el cartel de Azul Oscuro Casi Negro (2006) de Daniel Sánchez Arévalo.

Todo esto, sin embargo, es mi modesta opinión, claro. Y la decisión final estará en vuestras manos. En breve, como hace el equipo de Ritter, colgaremos esas propuestas, no en una pared, sino en nuestra página de Facebook, para qué –si os apetece– las podáis ver, reflexionar y, finalmente, elegir una.

¿… y ahora qué?

No está mal, las memorias de rodaje nos han llevado siete meses. Pero, ¿ya está? Tras finalizar el rodaje de Los Amores Inconclusos, mucha gente me preguntó si ya estaba la película. La respuesta es que aun quedaba mucho trabajo. El rodaje de una película es solo una parte del proceso. Quizás la más compleja, o por lo menos la más “ruidosa”. Después viene la postproducción. También me han preguntado más de una vez en que consiste exactamente la postproducción. Esta entrada va por aquellos que aun no conocen el proceso y sienten curiosidad.

Tras el rodaje de Los Amores Inconclusos, estábamos todos agotados. Además empezaba agosto. Así que nos fuimos todos de vacaciones. El proceso de postproducción no empezó hasta octubre (que es cuando todos los implicados habíamos vuelto de vacaciones). Lo primero que hay que hacer, una vez rodada la película, es una serie de procesos técnicos. Entre ellos, la conversión de las imágenes. Las imágenes rodadas son muy grandes y hace falta un ordenador muy potente para poder trabajarlas. Como hemos tenido que trabajar con nuestros equipos personales (que no son tan potentes como nos gustaría) fue necesario hacer una copia de todas las secuencias en definición estándar (calidad DVD) para poder editar la película de forma fluida. Porque eso es lo primero que hay que hacer: editar la película.

La edición consiste en seleccionar el mejor material rodado y ponerlo en orden –es cuando realmente se “hace” la película (o por lo menos cuando toma forma). Durante el rodaje se grabaron miles de “clips”. Los “clips” son, por decirlo así, trocitos de película. Un “clip” es el fragmento que se graba desde la orden de “acción” hasta la de “corten”. Una secuencia puede consistir en un solo “clip” o plano (entonces se llama “plano-secuencia”) o en varias decenas de planos. Antiguamente, ese trabajo se hacía cortando trocitos de películas y pegándolos unos a otros. Eso era el “montaje”. Hoy en día, lo habitual es trabajar desde el principio con sistemas electrónicos. Por supuesto, en un flujo de trabajo electrónico no hay película ni nada que cortar. Se hace todo con ordenadores, de forma virtual. Cuando se hace así, lo propio no es hablar de “montaje” sino de “edición” (en concreto de “edición no-lineal”). Al final la película consiste en miles de “trocitos” de video colocados uno detrás de otro, de forma oportuna, para crear un todo coherente. Ese trabajo, como ya sabéis lo hizo Sara Sebastián. Que por cierto, ha hecho un trabajo excelente. Se ha dejado los ojos mirando miles de “trocitos” de video, dándoles forma y coherencia. Gracias, Sara.

Una vez editada la película, más o menos podemos decir que está, o hacernos una idea precisa de cómo será, pero aun queda mucho que hacer. Lo siguiente es montar el sonido, que es algo que está haciendo Jorge. ¡¡Gracias, Jorge!!. El montaje de sonido se parece a la edición de imágenes. Durante el rodaje, Jorge y su equipo grabaron el sonido con una grabadora de cuatro canales. Cada canal es la entrada de un micrófono. Es decir, si en una secuencia hablan dos personajes, lo habitual es utilizar un micrófono para seguir a cada actor y un tercer micrófono para grabar el sonido ambiente. Eso implica que al final tienes una grabación con una voz, otra con la otra y una pista con un poco de todo (el sonido ambiente). A todo eso hay que darle forma. Es necesario mezclar las diferentes pistas, ajustar el volumen para que un actor no se escuche más bajito que el otro, poner un sonido de fondo que cree “ambiente”, etc. Un trabajo que requiere muchísima dedicación. La edición de sonido no puede hacerse hasta que la película está editada. No tendría sentido editar sonido que no se va a utilizar. Tampoco se puede editar el sonido si no se sabe como será exactamente la secuencia. Pero el “sonido” no se acaba aquí. Otra parte muy importante es producir y añadir la música de la película. En este apartado, nos encontramos con dos tipos de trabajo: la música de fondo y las canciones. Otra trabajo complejo y que requiere mucho talento y profesionalidad. En este apartado hemos tenido la inmensa suerte de contar con la generosa colaboración de Sonia Santana. Gracias, Sonia.

Pero, ¿ya está la película? Me temo que aun no. Aun nos faltan, por lo menos, dos procesos importantes. El primero es el “etalonado” o corrección de color. ¿En qué consiste exactamente? Me resulta más fácil explicarlo con un ejemplo. Tomemos, por ejemplo, una secuencia en la que un personaje habla con otro. En este tipo de secuencias es habitual grabarlas en un plano/contra-plano. Es decir, grabamos a un personaje hablando con el otro de espalda. Después grabamos al personaje que estaba de espalda de frente y al que hablaba ahora de espalda. Luego editamos esas imágenes de forma que “pasamos” de un personaje al otro. Pues ahora imaginemos que uno de los personajes lleva una camisa de color verde. Lo más habitual es que entre un plano y el otro la camisa cambie ligeramente de color (cuando se cambia de punto de vista los colores suelen cambiar ligeramente). Si no hacemos nada, se verá raro, una imagen no “pasará” bien a la otra. En un plano la camisa se verá verde-verde y el otro verde azulado. Para solucionar ese tipo de problema existe la corrección electrónica de color que se hace con unos programas informáticos especiales. Pero no solo eso, a veces una imagen está demasiado oscura, o demasiado clara. La corrección de color electrónica permite ajustarlo todo de forma que las imágenes se vean como se tienen que ver, que los colores sean los que tienen que ser. Eso es estrictamente la “corrección de color”. Otra aplicación del “etalonaje” es “pintar” la película con intención artística. ¿No os habéis fijado nunca que en algunas películas todo parece tono “café con leche” o verdoso?

Edición de imágenes, montaje de sonido, montaje musical, corrección de color, más conversiones (ahora a la calidad original)… ¿qué más falta? Los títulos de crédito, el subtitulado, el marketing (carteles, material promocional, etc.). Mucho trabajo, sin duda. Nada nos hubiera gustado más que poder pagar a los profesionales que tan generosamente nos han ofrecido su tiempo, trabajo e ingenio. Tal y como se merecen. Si hubiera sido así, si nos hubiéramos podido dedicar a jornada completa, la película habría estado para febrero o marzo. Pero no ha sido así. Todos hemos tenido que compaginar nuestros trabajos remunerados (trabajos en muchas ocasiones muy absorbentes) con la post-producción de Los Amores Inconclusos. Aun así, poco a poco, paso a paso, avanzamos y cada vez falta menos para que ¡por fin! podáis ver vuestra película.