¡Ya tenemos película!

titulo

felicidades

Estimados mecenas y colaboradores:

Nos dirigimos a vosotros para comunicaros que por fin tenemos la película. Gracias y felicidades a todos: ¡LO HEMOS CONSEGUIDO! Este momento tan gratificante no habría sido posible sin la colaboración de todos y cada uno de nosotros –mecenas y colaboradores. Creo que tenemos motivos más que suficientes para sentirnos orgullosos de este gran esfuerzo colectivo. Gracias al esfuerzo de todos, ahora tenemos una película que se ve bien, que se escucha bien, que explica una historia coherente e interesante, con una estética fresca y desenfada, y unas interpretaciones estupendas.

Y ahora… ¡que empiece el espectáculo! A partir de este momento centramos todo nuestro esfuerzo en llevar a la pantalla en las mejores condiciones posibles LOS AMORES INCONCLUSOS para que podáis verla y disfrutarla como se merece. Os mantendremos puntualmente informados a través de las redes sociales y del blog de la película. Nuestro agradecimiento infinito por haber hecho realidad este sueño.

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Volver

Cómo en el título de una de las películas de Almodóvar. Volver, siempre volver. La semana pasada, un año después del inicio del rodaje volví a los muchos escenarios de Los Amores Inconclusos. Me volví a encontrar con (casi) todos los actores (los que estaban en Barcelona) y regresé al piso/set de rodaje. Esta vez, eso sí, de otra forma. Por supuesto, mucho más relajado. Con la película ya casi terminada. Con la certeza de que este no será un amor inconcluso. Todo lo contrario. Será un amor concluso… ¡y bonito!

Uno de los momentos más curiosos durante ese breve regreso fue el ver el “making of” que está montando Pau Aguiló. En realidad fue todo un shock. Por un momento, aunque esta vez en una pantalla y con la distancia que eso da, todo volvió a tomar vida. De repente, el equipo volvía a tomar vida. Fue como viajar en el tiempo pero esta vez viéndolo todo desde fuera, desde otro punto de vista. No me reconocía a mi mismo. En realidad tenía la sensación de no reconocer nada. Ahora entiendo bien a que se refieren los directores que tanto admiro cuando dicen que durante un rodaje el mundo desaparece. El director se sumerge en el universo de la historia, del rodaje, y no hay nada más. Es más, me parecía no haber estado allí. Me parecía el “making of” de otra película. Pero no, era la nuestra. Supongo que eso nos pasará un poco a todos los que hemos formado parte del equipo de rodaje. Durante los días de un rodaje, cada miembro del equipo está atareado con sus responsabilidades. No queda tiempo para mucho más, ni para fijarse en otros detalles. El “making of” es una gran oportunidad para ver toda esa locura que es un rodaje desde fuera.

Otro aspecto que me llamó mucho la atención es lo bien que se “ve” en el “making of” la gran mentira que es hacer cine. En el “making of” definitivo (lo que vi fue una maqueta) nos hemos propuesto insertar imágenes (reales) de la película seguidas de imágenes del rodaje de esa secuencia. Creo que puede ser divertido ver primero imágenes de la película en la que se ve todo muy bien “colocadito” y después imágenes de todo el caos de cables, luces y gente detrás. Pau me comentó que a él, personalmente, le interesa mucho ver en los “making of” como el director y su equipo dan instrucciones a los actores. En el “making of” se encuentra eso y mil cosas más. Todo eso, si queréis, lo podréis ver  el DVD/Blu ray de la película. Eso sí, os recomiendo que veáis primero la película y luego el “making of”. Por aquello de ver primero la “magia” y luego el “truco”.

En cuanto a nuestro particular “referéndum vinculante” para elegir el cartel de la película, en breve lo pondremos en marcha. Esperamos vuestra participación. Una vez más, muchísimas gracias a todos por todo y por vuestra santa paciencia.

Memorias de rodaje: vigesimocuarta jornada… ¡y última!

Miércoles, 24 de julio. ¡Última jornada de rodaje! Me desperté y me dije –lo hemos conseguido… ¡lo hemos conseguido! Había sido duro, fueron meses nadando a contra corriente, apurando al máximo, sufriendo la carencia de recursos, pero allí estábamos. (Literalmente) tres secuencias más y habríamos rodado toda la película. Me sentía exhausto. Creo que nunca me había sentido tan cansado. Pero por otra parte sentía un gran alivio. También me daba cuenta de que aquello me había (nos había) hecho más fuerte(s). A pesar de todas las contrariedades, de los malos momentos, de las incertidumbres, había valido la pena. Nunca una experiencia había resultado tan enriquecedora. Por supuesto, (de eso estoy convencido) la próxima vez (me refiero a la próxima película) será todo muy diferente. Pero había que vivir aquella experiencia, aquel bautismo de fuego.

Tocaba rodar dos secuencias muy breves y otra larga –la más dramática y terrible de toda la película. Pero como ya comenté la semana pasada, me sentía seguro. Sabía que contaba con dos pedazos de actores: Xavi (Dani) y Adolfo (también Adolfo en la película). Tanto Xavi como Adolfo tenían que desnudarse emocionalmente. Xavi, además, tenía que desnudarse físicamente. No era un capricho. Sentía que no podía ser de otra forma. Es el momento en la película en que ambos personajes echan el resto. Pero todo, todo. El momento cumbre de la historia. Después hay algunas secuencias más (siempre hay que cerrar las películas) pero es en ese momento ¡zas! Es cuando aflora con más intensidad el drama y el dolor más profundo de ambos personajes. Después de ese momento, ni Dani ni Adolfo vuelven a ser las mismas personas. Pasan a ser otros. Ahora me doy cuenta de lo difícil que era interpretar aquella secuencia. Pero tanto Xavi como Adolfo estuvieron ENORMES. Nunca podré darles suficientemente las gracias. Hubo lágrimas, sudor, mocos… todo un torbellino de emociones muy duras. Aun cuando veo esa secuencia –y ya la he visto unas cuantas veces– sigo emocionándome. Tengo mucha curiosidad por ver como reacciona el público en una sala cuando se proyecte la película (que por cierto, ya falta menos).

Pero no pretendo hacer ningún “spoiler”. En todo caso no tardó en llegar la última orden de “corten”. Ya estaba. Habíamos rodado toda la película. Hubo un aplauso por parte de todo el equipo, felicitaciones, sonrisas y expresiones de alegría y satisfacción. En la habitación que había servido como plató de la habitación de Dani, nos esperaban unas botellas de cava y algo de picar. Me resulta difícil explicar las sensaciones que viví en ese momento. Por supuesto, sentía una gran sensación de alivio. Pero por otra parte me preguntaba si todo aquel material que habíamos rodado, una vez montado, tendría coherencia. En todo caso, lo que si tenía claro es que habían sido unos meses muy intensos, ¡demasiado intensos! Haría falta cierto tiempo para digerir aquella experiencia, para sacar conclusiones útiles. Diez meses después, cuando escribo estas líneas, aun estoy en eso. Pero volvamos a aquel 24 de julio de 2013. Me despedí de todos los miembros del equipo. Les di las gracias más sinceras por haber hecho posible aquel sueño. Poco a poco se empezaron a ir todos y creo que eran sobre las siete de la tarde cuando cerré la puerta del piso/sede/plató. Todo era silencio.

Memorias de rodaje: vigesimotercera jornada

Martes, 23 de julio. Penúltima jornada de rodaje. ¡Qué alivio! Hasta el aire es diferente. No es ningún secreto que este rodaje, por lo menos para mí, no solo fue un primer rodaje, sino que también un rodaje duro. Las cosas se habían complicado demasiado pero habíamos salido adelante. Mucha gente empezaba a decirme –debes de estar contento, lo has conseguido– A lo que yo respondía –lo hemos conseguido– (en plural, no en singular). Aquel era un proyecto de todos, no solo mío. Y a eso añadía que aun no podíamos cantar victoria, quedaban dos jornadas más de trabajo. Y no eran dos jornadas fáciles. Por supuesto, todo indicaba que saldríamos adelante. Si habíamos sobrevivido 22 jornadas, podíamos salir adelante dos jornadas más. Cuando digo que aquellas jornadas no eran fáciles, lo digo por su contenido dramático. Ya cuando escribí por primera vez aquellas secuencias, me di cuenta de lo difíciles que eran. Debían quedar creíbles (algo que no era fácil) o la película no funcionaría. Por eso las programé al final de todo. Para que los actores que interpretaban los papeles de Dani y Adolfo estuvieran bien “rodados”. Aquel martes, Xavi Duch (Dani) debía hacer el “más difícil todavía”.

Por suerte, a aquellas alturas ya sabía de lo que era capaz Xavi y eso me hacía estar tranquilo. Xavi es un actor excepcional que, con un poco de suerte (creo que la suerte siempre juega un papel en todo esto), llegará a destacar y mucho. Espero, algún día, verlo (premiado) en una gala de los Goya o similar. Y no lo digo por decir. Lo digo con absoluta convicción. Si Los Amores Inconclusos sirve para darle un primer empujoncito, me sentiré más que orgulloso. Pero Xavi no solo es un gran actor, es una persona estupenda. Sencillo, profesional, cooperador y con un sentido del humor y simpatía insuperables. En el rodaje le llamaban el “nino” (“muñeco” en catalán). Porque de alguna forma era nuestro “nino”. Creo que puedo decir, en nombre de todos, que le cogimos mucho cariño a Xavi. Todos. Siempre con una sonrisa y de buen humor (y a veces no era fácil estar de tan buen humor y con una actitud tan positiva).

Llegué a Xavi gracias a Roger Berruzo que había trabajado con él en el teatro. Gracias a los dos. Pedí referencias a Emili (que en todo momento me asesoró con los actores) y me dijo que era perfecto para el papel. Vi unas fotos de Xavi y daba el físico perfectamente. Más tarde nos vimos en el hotel Ommm de Barcelona y el trato estaba cerrado. Ahora –tras ver la película– no me puedo imaginar a otro actor en el papel de Dani. Era un papel difícil, que requiere un actorazo “de Goya”. Tuvimos mucha suerte y lo encontramos. Como anécdota, recordar que en aquella primera reunión, Xavi me comentó que el personaje de Dani era un reto para él porque era muy dramático. Que a él lo que le gusta es reír y que se siente más cómodo en papeles cómicos. Le respondí que lo sentía, pero que le iba a tocar llorar… y mucho. Durante el rodaje, Xavi me dijo más de una vez –¡cuánto me haces llorar! Pero, todo sea dicho, ¡qué bien lo hace! Para ambientarse en el rodaje, Xavi escuchaba música que le traía recuerdos tristes en un reproductor de MP3. Antes de rodar las secuencias más dramáticas estaba (como siempre) alegre y sonriente. Luego se metía en una sala con las ventanas cerradas, sin nadie más, se sentaba en la silla de ruedas, escuchaba música… y, como por arte de magia, salía transformado de allí. Quién salía de aquella habitación no era Xavi, si no Dani (el personaje). Con expresión frágil, con mirada de animal herido, con lágrimas a punto de saltar. Tras la orden de “acción”, aquellas lágrimas saltaban. ¡Y cómo saltaban! Lágrimas, mocos, sudor y todo el dolor que esconde el personaje de Dani.

Sara Sebastián (la montadora), a medida que montaba la película, me decía – ¡Pero que pedazo de actor! Están todos muy bien. Pero este chico… ese chico está de Goya– Como en toda película, sé que habrá cosas que gustarán a unos y que no gustarán a otros. Eso es inevitable. Pero de lo que si que estoy seguro es de que habrá unanimidad en lo que se refiere a la actuación de Xavi. Todo el mundo estará de acuerdo en que Xavi “está que se sale”. Bueno… eso no tardareis mucho en verlo. En cuanto a mi (esto, por supuesto, es extensivo al resto del reparto) ha sido un placer y todo un honor poder trabajar con Xavi Duch.

Memorias de rodaje: vigesimoprimera jornada

Viernes, 19 de julio. Nos estamos acercando al final de rodaje. Contando con esta, cuatro jornadas más y habremos acabado. Pero aun no estoy tranquilo. Las jornadas que faltan no son fáciles. Esta, la del viernes 19 de julio, es una de las jornadas más complejas del rodaje (quizás la más compleja desde el punto de vista técnico) y las que quedan suponen un reto interpretativo enorme (aunque a estas alturas sé que con los magníficos actores que tenemos, saldremos adelante).

En esta jornada rodamos todas las secuencias que ocurren en el bar de Drag Queens en el que actúan Adolfo y Verónica. Se trata de dos números de transformismo, un diálogo largo con cinco personajes y dos diálogos cortos. Sara Sebastián, durante la planificación, calculó que hacían falta tres jornadas para rodar esas secuencias. Así era, por supuesto. Para rodar aquellas secuencias había que buscar un bar musical, un cabaret, una discoteca o algo parecido. Al principio, en nuestra inocencia, pensamos que no sería difícil encontrar un cabaret/bar musical/discoteca que “colaborara” con nosotros. Es decir, alguien que nos permitiera rodar en su establecimiento a cambio de publicidad (aparición en créditos, photocall en el estreno, etc.). “Pensamos”, claro. Porqué la realidad es que nadie estaba dispuesto a “colaborar” y nos pedían cantidades de dinero importantes para rodar en un cabaret/bar musical/discoteca. Jota (el director de arte) estaba enamorado de un famoso local en Barcelona. Era el lugar perfecto pero nos pedían miles de euros. Imposible. Noelia empezó a buscar locales y al final me pasó la Web de un bar musical que me pareció perfecto: Els Pagesos en Sant Feliu de Llobregat. Nos hicieron una buena oferta pero como nos habíamos quedado sin presupuesto antes de empezar a rodar no podíamos pagar ni el alquiler ni los gastos añadidos correspondiente a tres jornadas de rodaje. Había que comprimir aquellas tres jornadas en una sola (que es todo lo que podíamos pagar). Sentía que eso era como ponernos una pistola en la cabeza y que nos la jugábamos. Pero, como ya he dicho tantas veces, a aquellas alturas no había vuelta atrás.

El equipo me decía que era imposible rodar todas aquellas secuencias en un solo día. Tenían toda la razón. Pero había que filmar aquellas secuencias en una jornada o no se podría montar la película y todo se iría al traste. La noche anterior, después de una jornada de rodaje agotadora, fui con Sara López (la directora de fotografía) a Els Pagesos. Había que planificarlo todo muy bien. Por suerte, Xavi Serradell y Pau Aguiló (equipo de fotografía), nos ofrecieron su cámara de cine y su steadycam. Fue la única jornada en que rodamos a dos cámaras. Si no llega a ser por Xavi y Pau hubiera sido imposible salir adelante aquella jornada. Gracias. Sara y yo planificamos aquella misma noche el rodaje. Había una planificación previa (en tres jornadas y con una sola cámara) pero había que adaptarla al nuevo espacio, a una sola jornada y a dos cámaras. ¡Total nada! Demasiado precipitado, demasiado justo, demasiado osado… lo reconozco y asumo toda la responsabilidad. Se nos hizo tarde. Tanto que apenas quedaban seis o siete horas para empezar la jornada. Fuimos a dormir (o a intentarlo, por lo menos) y al día siguiente, bien temprano, nos volvimos a ver todos en Sant Feliu.

Había llegado la tan esperada, pero también temida, jornada. Los primeros en llegar fuimos mi madre, Eva (que, por cierto, acaba de ser mamá… ¡felicidades!), yo, un saco enorme con cincuenta bocadillos (que había preparado mi madre esa misma mañana) y muchas latas de refrescos y botellas de agua. Poco a poco empezó a llegar el resto del equipo y los “extras/figurantes” que tan generosamente se habían prestado a colaborar. Las grandes estrellas iban a ser Adolfo y Laya. Sé que les pedí muchísimo y les di demasiada prisa, pero el tiempo jugaba en nuestra contra. ¡Y cómo jugaba! No era fácil montar aquellas secuencias coreografiadas. Además había mucho trabajo de vestuario y maquillaje. El nerviosismo y la tensión eran inevitables y se palpaban. Por supuesto, todas aquellas prisas y exigencias acabaron por pasar factura. Adolfo y Laya necesitaban ensayar más. Habían ensayado, pero lo habían hecho en otro lugar. Adolfo, además, tiene una deficiencia visual y por eso es vital que se familiarice con el espacio. Adolfo y Laya me pidieron ensayar más en aquel escenario. Pero, con todo el dolor en mi corazón, no les pude conceder ese lujo. El local donde rodábamos abría al público a las nueve y debíamos acabar como mucho a las ocho de la tarde. Por otra parte, no podía meter al equipo en una jornada de más de once horas de rodaje después de las sesiones tan intensas de las que veníamos. Y, no menos importante, había que rodar todas las secuencias previstas sí o sí o no habría película. Más que correr había que volar. Por eso digo que, con todo el dolor de mi corazón, no pude conceder más tiempo a Adolfo y Laya para ensayar. Lo terrible fue que debido a que Adolfo no había podido familiarizarse con el espacio sufrió una caída desde el escenario. La caída fue muy espectacular. Por suerte, sólo se rompió un tacón de una de las plataformas que tenía que vestir. Me sentí fatal, terrible, después de aquel incidente. Desde entonces, he pensado mucho en aquel momento y ahora tengo claro que en la próxima película será todo muy diferente: el tiempo no podrá jugar en nuestra contra, sino a nuestro favor.

Hubo más incidentes pero, por suerte, todo se pudo solucionar y al final creo que todos volvimos a casa con una buena sensación y la satisfacción de haber logrado lo imposible. Tuvimos mucha suerte porque se rodaron todas las secuencias. Es más, ahora cuando veo esas secuencias me doy cuenta de que en aquella jornada se rodaron algunas de las imágenes más bonitas de la película. Cuando pasemos el dossier de imágenes para ilustrar artículos en prensa, catálogos de festivales, etc., no tengo la más mínima duda de que entre las imágenes seleccionadas (es decir, las más atractivas) se encontrarán las captadas en aquella jornada. En cuanto a las secuencias en sí, resultan simpáticas y aportan mucho a la película. Es lo que tiene el cine. Supongo que al final eso es lo que queda. Eso y la experiencia obtenida tras una jornada (más) que fue como andar sobre una cuerda floja… ¡sin red!

Memorias de rodaje: vigésima jornada

Jueves, 18 de julio. Aquella era la última jornada de rodaje con Roger Berruezo (al día siguiente viajaba para incorporarse de nuevo a la gira de “La Bella y la Bestia”) y me gustaría dedicarle esta entrada.

Mientras Sara Sebastián montaba la película me decía –este chico está más espectacular en cada plano. Y es cierto. Pero eso solo es la anécdota. Si algo me sorprendió de Roger desde el principio fue su generosidad y profesionalidad (lo mismo puedo decir del resto de actores).

En principio, cuando todo esto empezó (me refiero a levantar una película) –que fue en abril de 2012– nuestro “plan A” fue buscar una financiación “tradicional” para la película. Es decir, una financiación en la que debía participar, por lo menos, una cadena de televisión importante, algunos co-productores “de peso” y contar con una subvención de Ministerio de Cultura. Para jugar en esa “división” era necesario proponer un cartel de actores muy conocidos por sus apariciones en televisión y en películas reconocidas. Nuestra primera opción para el papel de Eduardo fue Roger Berruezo. Era el actor perfecto para ese papel. Jesús (nuestro productor ejecutivo) se puso en contacto con el agente de Roger. Fuimos a su despacho y enseguida llegamos a un acuerdo. Pero aquel acuerdo pasaba por obtener el dinero que necesitábamos para hacer la película según nuestro “plan A”. Al final, el “plan A” no fue posible y tuvimos que pasar al “plan B” y más tarde al “plan C” (el de “esto lo hacemos sí o sí”). Cuando ya estaba claro que íbamos a hacer una película de “guerrilla”, financiada con un “crowdfunding”, lo correcto era comunicar a los actores (o mejor dicho, a sus agentes) que no habíamos conseguido el dinero y que “no había podido ser”. Dábamos por hecho que actores reconocidos, con presencia en series de televisión y películas importantes, no iban a trabajar “gratis” (que más o menos es lo que significa hacer una película de “guerrilla” –que no hay dinero y que nadie cobra). La sorpresa no pudo ser más agradable cuando Roger respondió: “pues hablemos”. Nos reunimos en el hotel Ommm de Barcelona y Roger mostró su interés por hacer la película. Roger dijo que el único problema podía ser el calendario. Durante las fechas de rodaje estaba haciendo el musical “La Bella y la Bestia” en teatros por toda España. Hicimos cálculos y Roger fue tan generoso como para renunciar a sus vacaciones. Dedicó sus vacaciones a hacer nuestra/vuestra película porque creía en ella. No se puede decir más. GRACIAS, Roger.

Durante el rodaje, Roger no solo mostró una profesionalidad exquisita, sino que también nos regaló un Eduardo entrañable, lleno de matices… y como dice Sara –más espectacular en cada plano. La interpretación de Roger (junto a la de Mont, Laya, Adolfo y Xavi) da brillo a Los Amores Inconclusos. No dudo que si algo va a llamar la atención de la película es la magistral interpretación de los actores. Y en ese sentido no puedo estar más contento porque como director mi intención siempre fue hacer “una película de actores”. Hay películas que basan su atractivo en los efectos especiales, en la puesta en escena con decorados espectaculares, en la fotografía, etc., pero otras giran alrededor de los actores y sus interpretaciones. Los Amores Inconclusos sin duda es una de esas películas.

Y allí estábamos, en la calle Enric Granados de Barcelona, rodando la última secuencia con Roger. Eran más o menos las cinco de la tarde y hacía un día estupendo. Una secuencia que, además, me parece muy bonita, muy “Barcelona” con un típico taxi negro y amarillo, turistas paseando, pájaros trinando… y, por supuesto, un Roger que “se sale” despidiéndose del film con una plácida sonrisa. Pero todo eso ya lo veréis después de vacaciones en una gran pantalla 😉

Memorias de rodaje: decimosexta jornada

Viernes, 12 de julio. Seguimos avanzado en la semana más intensa de rodaje (por lo menos intensa en cuanto a número de secuencias – porque todas las semanas fueron intensas). De nuevo había que rodar muchas páginas de guión, con muchos cambios de plano. Roger Berruezo participaba en todas las secuencias. Adolfo en casi todas. En aquella jornada se habían concentrado buena parte de las secuencias entre los personajes de Eduardo (Roger) y Adolfo –el nombre del actor coincide con el del personaje. A pesar de todo el caos que rodeó el rodaje, ahora descubro (tras ver la película montada) que hubo grandes aciertos. Como ya he dicho en otras entradas, el ‘casting’, entre otros aspectos, fue todo un acierto. Pero hoy, permitirme que me centre en Adolfo.

De vez en cuando, en algunas películas, sucede algo mágico. Me refiero al descubrimiento de personajes como la Agrado en Todo sobre mi madre. Un actor que no se ha formado como tal pero que al final resulta ser más grande que su personaje. Un actor que aporta vitalidad y energía, humor y profundidad dramática al film interpretando un personaje que nadie más podría interpretar. Porque solo Adolfo (el actor), podía interpretar el personaje de Adolfo en Los Amores Inconclusos.

Emili (el director de casting y director de la versión escénica de esta historia) fue el descubridor de Adolfo. Al principio de todo, cuando empezábamos a escribir los guiones (para teatro y cine), Emili buscó personas reales sobre las que documentarse para escribir sobre personas con algún tipo de discapacidad. No sé quién, pero alguien le puso en contacto con un bailarín que había perdido prácticamente la visión. Tras un primer encuentro, Emili decidió replantear el personaje del amigo ciego de Dani y Verónica. Hasta tal punto, que ese personaje al final acabó llamándose Adolfo. Aun recuerdo bien cómo Emili, por primera vez, me habló con pasión durante horas de aquel gran ‘descubrimiento’. Con enorme generosidad, Adolfo nos había regalado los cimientos para construir un gran personaje. Una vez cerrado el texto teatral, Emili empezó a mover los hilos para subir El Sexe dels Àngels a los escenarios. Emilio propuso a Adolfo interpretar el personaje del amigo ciego que comparte piso con Dani y Verónica. Por suerte, Adolfo dijo que sí. Un par de días antes del estreno, fui al ensayo general de la obra de teatro. Una cosa tuve clara, solo Adolfo podía interpretar el personaje de Adolfo – en la película también.

Cuando empezó todo el proceso de rodaje, al primer actor que propusimos participar en el film fue a Adolfo. Crucé bien los dedos, pues sin él no había película. No veía a nadie más en ese papel. Por suerte para todos, aceptó el papel. Recuerdo bien que lo primero que me dijo es que él no era actor, que era bailarín y transformista, pero no actor. Le dije que no era cierto, había interpretado a Adolfo en El Sexe dels Àngels y ¡cómo lo había interpretado! A partir de aquí, ¿qué más puedo decir? Adolfo nos ha regalado (y vuelvo a emplear el verbo ‘regalar’) las que posiblemente son las secuencias estéticamente más bellas de la película. También nos ha regalado una interpretación que no dejará a nadie indiferente. Su desparpajo y alegría, pero también su humanidad e inteligencia interpretativa, se resumen en un adjetivo: grande. Como grandes son sus pequeñas aportaciones. Era habitual que antes de interpretar una secuencia, Adolfo se acercara a mí y me dijera –Frank, en el guión pone esto pero, ¿qué te parece si lo hago así?– Mi respuesta, no podía ser otra que una afirmación. Adolfo, el actor, superaba a su personaje en todos los sentidos. Y sus aportaciones son tan divertidas y a la vez tan profundas que enriquecen la película mucho más allá de lo que Emili o yo pudimos imaginar al escribir el guión. Cuando veáis la película, recordad que muchas de esas frases geniales de Adolfo que cierran de forma magistral una secuencia no estaban en el guión. Solo me queda decir: GRACIAS, Adolfo.

El personaje de Adolfo, sin duda seducirá al espectador. Su interpretación está más allá del guión, de la técnica interpretativa… es vida en estado puro.