Memorias de rodaje: vigesimotercera jornada

Martes, 23 de julio. Penúltima jornada de rodaje. ¡Qué alivio! Hasta el aire es diferente. No es ningún secreto que este rodaje, por lo menos para mí, no solo fue un primer rodaje, sino que también un rodaje duro. Las cosas se habían complicado demasiado pero habíamos salido adelante. Mucha gente empezaba a decirme –debes de estar contento, lo has conseguido– A lo que yo respondía –lo hemos conseguido– (en plural, no en singular). Aquel era un proyecto de todos, no solo mío. Y a eso añadía que aun no podíamos cantar victoria, quedaban dos jornadas más de trabajo. Y no eran dos jornadas fáciles. Por supuesto, todo indicaba que saldríamos adelante. Si habíamos sobrevivido 22 jornadas, podíamos salir adelante dos jornadas más. Cuando digo que aquellas jornadas no eran fáciles, lo digo por su contenido dramático. Ya cuando escribí por primera vez aquellas secuencias, me di cuenta de lo difíciles que eran. Debían quedar creíbles (algo que no era fácil) o la película no funcionaría. Por eso las programé al final de todo. Para que los actores que interpretaban los papeles de Dani y Adolfo estuvieran bien “rodados”. Aquel martes, Xavi Duch (Dani) debía hacer el “más difícil todavía”.

Por suerte, a aquellas alturas ya sabía de lo que era capaz Xavi y eso me hacía estar tranquilo. Xavi es un actor excepcional que, con un poco de suerte (creo que la suerte siempre juega un papel en todo esto), llegará a destacar y mucho. Espero, algún día, verlo (premiado) en una gala de los Goya o similar. Y no lo digo por decir. Lo digo con absoluta convicción. Si Los Amores Inconclusos sirve para darle un primer empujoncito, me sentiré más que orgulloso. Pero Xavi no solo es un gran actor, es una persona estupenda. Sencillo, profesional, cooperador y con un sentido del humor y simpatía insuperables. En el rodaje le llamaban el “nino” (“muñeco” en catalán). Porque de alguna forma era nuestro “nino”. Creo que puedo decir, en nombre de todos, que le cogimos mucho cariño a Xavi. Todos. Siempre con una sonrisa y de buen humor (y a veces no era fácil estar de tan buen humor y con una actitud tan positiva).

Llegué a Xavi gracias a Roger Berruzo que había trabajado con él en el teatro. Gracias a los dos. Pedí referencias a Emili (que en todo momento me asesoró con los actores) y me dijo que era perfecto para el papel. Vi unas fotos de Xavi y daba el físico perfectamente. Más tarde nos vimos en el hotel Ommm de Barcelona y el trato estaba cerrado. Ahora –tras ver la película– no me puedo imaginar a otro actor en el papel de Dani. Era un papel difícil, que requiere un actorazo “de Goya”. Tuvimos mucha suerte y lo encontramos. Como anécdota, recordar que en aquella primera reunión, Xavi me comentó que el personaje de Dani era un reto para él porque era muy dramático. Que a él lo que le gusta es reír y que se siente más cómodo en papeles cómicos. Le respondí que lo sentía, pero que le iba a tocar llorar… y mucho. Durante el rodaje, Xavi me dijo más de una vez –¡cuánto me haces llorar! Pero, todo sea dicho, ¡qué bien lo hace! Para ambientarse en el rodaje, Xavi escuchaba música que le traía recuerdos tristes en un reproductor de MP3. Antes de rodar las secuencias más dramáticas estaba (como siempre) alegre y sonriente. Luego se metía en una sala con las ventanas cerradas, sin nadie más, se sentaba en la silla de ruedas, escuchaba música… y, como por arte de magia, salía transformado de allí. Quién salía de aquella habitación no era Xavi, si no Dani (el personaje). Con expresión frágil, con mirada de animal herido, con lágrimas a punto de saltar. Tras la orden de “acción”, aquellas lágrimas saltaban. ¡Y cómo saltaban! Lágrimas, mocos, sudor y todo el dolor que esconde el personaje de Dani.

Sara Sebastián (la montadora), a medida que montaba la película, me decía – ¡Pero que pedazo de actor! Están todos muy bien. Pero este chico… ese chico está de Goya– Como en toda película, sé que habrá cosas que gustarán a unos y que no gustarán a otros. Eso es inevitable. Pero de lo que si que estoy seguro es de que habrá unanimidad en lo que se refiere a la actuación de Xavi. Todo el mundo estará de acuerdo en que Xavi “está que se sale”. Bueno… eso no tardareis mucho en verlo. En cuanto a mi (esto, por supuesto, es extensivo al resto del reparto) ha sido un placer y todo un honor poder trabajar con Xavi Duch.

Anuncios

Memorias de rodaje: primera jornada (segunda parte)

Ahora, visto en perspectiva, me doy cuenta de que aquella primera jornada de rodaje fue un resumen perfecto de todo lo que iba a venir. Ya durante el primer día recordé varias veces un almuerzo con Dunia Ayaso, Félix Sabroso, María Ripoll y Helena Taberna (todos ellos directores de prestigio) en el XII Festival de Cine Español de Málaga. Dunia hablaba sobre lo importante que era trabajar con gente con la que realmente tienes ‘química’ – gente a la que conoces bien y con la que sabes que puedes comunicarte sólo con la mirada. Todos estábamos de acuerdo. También recuerdo que empezaron a salir nombres de personas con las que nunca trabajaríamos. No porque no fueran grandes profesionales, que lo son, si no por esa cuestión de ‘química’. Cierto director de fotografía o de arte, puede comunicarse a la perfección con un director pero no con otro. Y esto, por supuesto siempre es cosa de dos. Dunia añadía que cuando no hay ‘química’, con lo estresante que es un rodaje, puedes acabar a palos y casi a navajazos. Todos empezamos a explicar anécdotas de profesionales con los que habíamos trabajado alguna vez y con los que no volveremos a trabajar. Con Los Amores Inconclusos corríamos un riesgo importante, el equipo se había formado de forma muy precipitada, en pocos días, y prácticamente nadie conocía a nadie. Temía que en un entorno tan estresante como el de un rodaje saltaran chispas, y así fue. 

Tengo que agradecer de todo corazón a todos los miembros del equipo su dedicación y profesionalidad pero al final, nos guste o no, somos humanos y eso de ser ‘humano’ conlleva muchas cosas –unas buenas y otras no tanto. Me hace gracia cuando se dice aquello de que somos profesionales y que ciertas ‘mochilas’ las dejamos en la puerta antes de entrar en el trabajo. No es cierto. Todos sabemos que no es así. El tema de las afinidades, de la ‘química’ entre personas, es algo complejo. ¿Nunca os habéis preguntado porqué fulanito o fulanita se ha fijado en no sé quién que es un ‘impresentable’? Por lo menos a mi me pasaba mucho. En la época en que iba a discotecas los sábados por la noche, cuando lo habitual era que te presentaran a alguien cada noche, básicamente podían pasar tres cosas: que te enamoraras de esa persona (literalmente), que te diera bastante igual (lo más habitual) o que te pareciera la persona más horrible que te habían presentado jamás. ¡Y todo eso sin conocer realmente a esa persona! En un segundo, de forma irracional… ¡química! (o no ‘química’). ¿Tampoco os pasó nunca que vuestro mejor amigo o amiga, de forma incompresible, se fijara en esa persona que te parecía lo peor del mundo con diferencia? Y no solo eso, sino que acabara siendo el novio o la novia de esa persona que no podías ni ver. ¿¡Es que se había vuelto ciego/a!? Es como cuando te preguntas como a alguien –pongamos en el trabajo– le puede caer mal tu pareja que es el más guapo/a y encantador del mundo. Pero es lo que tiene ser humano. La ‘química’ es algo muy complejo, en lo que participa la psicología, las hormonas y no sé cuantas cosas más, muchas de ellas atávicas. Por suerte, era un rodaje, con eso quiero decir que no nos íbamos a casar entre nosotros, y todo finalizaría en seis semanas. Pero había que convivir con esas ‘químicas’ y hacer todo lo posible para que no afectara al resultado final.

Eso sí, cuando se produce la deseada ‘química’ la sensación es estupenda. Esa es por lo menos la sensación que tuve con la directora de fotografía, Sara López, o el jefe de sonido, Jorge Lombardo. Y sólo por citar dos nombres. En esta entrada no puedo citarlos a todos por cuestión de espacio, pero lo iré haciendo semana a semana. Todo el mundo es imprescindible en un rodaje pero algunos profesionales, por decirlo así, tienen más responsabilidades que otros. Con eso no pretendo desmerecer a nadie. Pero es cierto que a las espaldas de algunos profesionales se cargan mochilas más pesadas que en las de otros. El director de fotografía, por ejemplo, carga con una responsabilidad enorme. Es el responsable de que la película se vea bien. Por supuesto hay un equipo detrás de él y sin ese equipo no podría hacer nada. Por eso todos los miembros del rodaje son imprescindibles. Pero también es cierto que si la película no se ve bien, quien se llevará los ‘palos’ será el director de fotografía (no su equipo). Por eso, para cualquier director, es vital elegir bien al director de fotografía. Es imprescindible que te comuniques bien con él (en este caso ella). Como sabéis, en principio íbamos a tener otra directora de fotografía, pero al final decidió no seguir adelante. Yo había trabajado ya con aquella directora, la conocía y sabía que era una excelente directora de fotografía. Eso me daba cierta seguridad. Pero como luego pasó lo que pasó había que ‘jugársela’ con un director o directora con él que nunca había trabajado. Era una apuesta arriesgada –incluso me atrevo a decir que osada– El primer día estaba preocupado por ver si Sara iba a funcionar como directora de fotografía, si nos íbamos a comunicar bien. Durante el rodaje me sentí muy cómodo trabajando con ella y con su equipo. Aquello me dio buena sensación. Pero aun me sentí más aliviado, cuando al finalizar la jornada, en el despacho de producción, Sara y su equipo me enseñaron el material que habíamos filmado. ¡Qué gran trabajo! ¡Qué fotografía tan estupenda! En la próxima película haré todo lo posible para volver a contar con Sara López.

En fin, acababa la primera jornada de trabajo, habían surgido problemas, como cuando el equipo y los actores (os pido disculpas desde aquí) se vieron obligados a esperar con los brazos cruzados durante más de una hora porque no se había previsto que hacían falta naranjas para filmar una determinada secuencia. Pero también se habían producido sorpresas agradables, como descubrir que la película se iba a ver y a escuchar tan bien, tras rodar las imágenes del primer día, y que contábamos con unos actores estupendos.

FRANK TORO

Vivir rodando

Un rodaje te exige 20 de las 24 horas de un día. Eso, si tienes suerte y no son las 24. En un rodaje, sabes a qué hora entras, pero nunca a la que sales. Un rodaje te exige todas las fuerzas mentales y emocionales que tengas. Si tienes mala suerte y el rodaje se complica, te exige más de lo que tienes. Es muy difícil compatibilizar un rodaje con una vida personal o social. En algún momento del rodaje, siempre se dice éste es mi último rodaje.

Estoy cansada de escuchar tópicos sobre los rodajes: que es más fácil encontrar drogas que agua, que se está más de fiesta que trabajando, que todos se lían con todos, que cobramos una pasta… Tal vez sea así. Yo he trabajado en cerca de una veintena de rodajes y nunca he tomado drogas (aunque los cafés de algunos platós, se acercan bastante a algo tóxico), las fiestas a las que he ido son las de fin de rodaje, aún no me ha dado por la promiscuidad y la mayoría de veces la única pasta que he visto ha sido la del catering. Llámenme rarita. Y, aún así, cada vez que digo lo de “trabajo en cine o en tele” alguien me suelta uno o varios de esos tópicos. Y, entonces… ¿por qué nos dedicamos al cine? Tal vez, como apuntó Frank casi al principio de este blog, porque “(…) nos apasiona crear otros mundos: por eso nos dedicamos al cine”. Cada vez que acabo un rodaje pronuncio el ya famoso “Éste es mi último rodaje”. Lo digo plenamente convencida. E, inexorablemente, vuelvo. Así que, tal vez, en realidad debería preguntar: ¿por qué me dedico al cine? Seguro que hay más y que mis compañeros podrían aportar muchas razones… Pero éstas son las mías:

  • Cuando trabajas en algo que te apasiona, 20 horas se pueden convertir en veinte minutos.
  • Alguna de las personas más extraordinarias que he conocido, ha sido en rodajes. Amigos, parejas, e íntimos amigos han salido de rodajes.
  • Por ése segundo, justo antes de gritar “acción” en el que en el plató no se escucha ni una mosca, sólo el latido de tu propio corazón.
  • Por la ilusión de tu gente cuando ve tu nombre en unos títulos de crédito (vale, sí, soltaré otro tópico: todos los que trabajamos en cine tenemos un grado más o menos alto de egolatría).
  • En un rodaje, cada día es diferente al anterior.
  • Porque después de trabajar 20 horas diarias, duermes como un bebé.

Seguro que hay mil más. Pero tampoco es cuestión de aburriros. Sólo hay algo que puedo decir con total seguridad: a lo largo del rodaje de LOS AMORES INCONCLUSOS todos y cada uno de nosotros pronunciaremos el famoso Éste es mi último rodaje. E, inexorablemente, todos volveremos a rodar.

Sara Sebastián